viernes, 26 de marzo de 2010

La mañana del mochuelo


Con los primeros rayos del sol asoma precavido el mochuelo, asentándose poco a poco en su espaciosa repisa. Con la pata recogida para no perder calor, vigila sereno y acomodado.


Las noches del mochuelo (Athene noctua) son siempre muy ajetreadas, sobre todo, en primavera. La pequeña rapaz nocturna mediterránea, ya tiene la reserva de su lugar de cría. Aquí, en abril o mayo, cuando comience la reproducción y se haya establecido la pareja, traerán al mundo a su descendencia.

Esta breve cronología fotográfica, revela la cotidianeidad del mochuelo poco después de salir el sol. Es un aspecto importante en su metabolismo la absorción de la luz solar, no sólo para conseguir ese ajuste térmico corporal, sino además, para activar y fijar el calcio y la vitamina D a los huesos.

Ahora es importante el reposo, y más, tras una noche activa en la caza de insectos y pequeños micromamíferos de los que se alimenta.

Su carácter permisivo, me ha dado la oportunidad de fotografiarlo en su ambiente y conducta natural.




Mientras los transeúntes a su paso bajo la terrera no hagan ningún movimiento extraño, o inapropiado, el pequeño búho les acompañará con la mirada, sin la necesidad de retirarse al interior del hueco.


Esto son palabras mayores. Si el riesgo viene por lo alto, volando; ya sean urracas, cernícalos, milanos o grajillas, entonces lo mejor es ponerse a cubierto.


Para el etólogo Vitus Dröscher; el ligero dormitar es para muchos animales un substituto, eminente y de importancia vital, de las horas de sueño perdidas.

11 comentarios:

  1. SIempre vigilante y astuto, así permanece el mochuelo en sus atalayas artificiales. Preciosas imágenes, enhorabuena.
    Saludos cordiales
    (calceolusycentaureas.blogspot.com)

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  2. Echo de menos sus maullidos y su presencia en lo alto del poste cuando iba camino del trabajo. Hace tiempo que no los veo en mi zona. Bonito reportaje.

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  3. tienen mucho de misterio todas las rapaces nocturnas. Es muy complicado echarles el ojo...

    Saludos.

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  4. Me encanta esta pequeña rapaz nocturna que se deja ver de cuando en cuando a plena luz. El otro día salía del trabajo algo tarde (para el horario debido), sobre las 9 de la noche, y escuché sus "maullidos" entre los árboles de una zona cercana a la empresa, que está situada en el interior de un parque tecnológico con bastantes carencias pero con algunos jardines.

    Genial la entrada, como siempre.

    Un abrazo.

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  5. Preciosa entrada, y precioso el mochuelo. No sé por qué me he identificado con él ahí tan camuflado viendo la vida pasar, pero no por la vida nocturna ¿eh? ;)

    LO dicho, un placer contemplarlo.

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  6. Comparto muchos de esos momentos, en las primeras luces con estas bellas rapaces nocturnas y, son de lo más gratificantes. Un saludo

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  7. -Gracias Javier. Aunque se ven los mochuelos a lo lejos, cuando trata uno de acercarse si no hay confianza, se van.
    Saludos.


    -A ver Jesús, si ahora que se acerca el período reproductor tienes más suerte y se instalan de nuevo.
    Saludos.


    -De acuerdo contigo Anzaga. Las nocturnas despiertan ese sentimiento misterioso a lo desconocido.
    Saludos.


    -Bueno Trotalomas, si el salir tarde del trabajo te compensa con la observación del mochuelo, entonces es perdonable. Pero nada de cogerlo por costumbre.
    Ya es un lujo, tener cerca del trabajo una criatura tan activa y entrañable.
    Gracias.
    Saludos.


    -Exactamente Mamen, para precioso el mochuelo. Al margen de las fotografías, como disfruto de esos momentos robados a su intimidad cuando la rapaz me lo acepta. Que os voy a decir a quienes os alimentáis de similares observaciones con su abanico de sensaciones.
    Tienes razón; la vida es para contemplarla.
    Saludos.


    -No me cabe duda Lluís. Ya lo expusiste en aquél magnífico dibujo a grafito del mochuelo al amanecer. Una maravilla.
    Gracias por los comentarios.
    Saludos.

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  8. Bonita y evocadora entrada, Javier.

    Recuerdo muy buenos momentos en los atardeceres de los montes burgaleses ecuchando los maullidos del mochuelo y contemplando cómo me observaba. Siempre me fascinan los seres que observan a quienes los observan.

    Saludos.

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  9. El mismo año que murió Félix R., tuve la oportunidad de observar a un mochuelo burgalés posado en aquellas atalayas vetustas de madera que sujetaban los cables de la luz. Su voz no eran maullidos, sino unos sonidos aflautados parecidos a los del alcaraván.
    Como dices Javier, siempre es de agradecer la aceptación del observador por el ave observada.
    Saludos.

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  10. Se nota el trabajo cuidadoso al acercarse. No parece estar nada estresado. Se hizo tu amigo.

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  11. Si José, son bastantes días de encuentros en el campo con él. Está acostumbradillo.
    Saludos.

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