martes, 22 de diciembre de 2009

A seguir disfrutando de la naturaleza 2010



No hay bolas de Navidad más decorativas y entrañables que las naturales; como el petirrojo. Ecológicas, reciclables y llenas de vida.






FELICES OBSERVACIONES 2010

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Halcón sacre (Falco cherrug)



Esta es una entrada solamente, para disfrutar del placer de observar a una fascinante rapaz cazadora de roedores y en menor medida de aves. Es el placer de haber visto su vuelo en libertad, surcando con el esplendor mágico de su fortaleza física, todo el maravilloso desfiladero del río Huerva. Haberlo visto sobre nuestra mirada atónita; la de Fernando, y la de quien os lo relata, deslizándose entre el viento con la facilidad pasmosa y característica de los grandes velocistas del medio aéreo; las falcónidas.


Ya no tiene que obedecer a la llamada interesada de su dueño, ahora podrá cazar a su antojo, y volver a su posadero preferido sin rendir cuentas. Ahora es dueño de sí mismo, pero te recuerdo Sacre, que tienes a los peregrinos de compañeros, a las águilas reales y para más desgracia si cabe, a las dos parejas de búho real.


domingo, 13 de diciembre de 2009

Cazar en territorio humano. El gavilán


A las 8.40 h una hembra de gavilán captura a una hembra de tórtola turca; ave, muy habitual en los parques públicos.

El domingo pasado, tocaba ir a correr un poco, para no perder la agilidad en el monte y por supuesto, en el trabajo. Era una mañana fría, pero no desapacible; tal vez, algo nubosa. Lo bello de estos días unido a la alborada es; ese encuentro común con las más madrugadoras aves. Así, voy interrumpiendo el campeo de la garza real, afanada y concentrada en la herbácea cobertura del ribazo que, a mi llegada por el camino de gravilla, levanta el vuelo protestando con un graznido ante mi inoportuna presencia. Disculpe señora garza. Más adelante, una alondra se achanta en el camino y paso a medio metro de distancia, parando seguidamente. Ella, descubierta, levanta el vuelo súbitamente. Cosas del mimetismo fallido. Llego al castigado álamo centenario, al que me gusta mirar y preguntarle en silencio mientras paso bajo su imponente porte -qué tal esa salud-, me preocupa su tronco descortezado y sus ramas tronchadas y caídas a causa del fuerte viento pasado. El cernícalo expectante en las ramas más altas, también advierte mi presencia y levanta el vuelo, reclamando con esa estridente voz característica de alarma. Vaya mañanita que llevo.

Cigüeñas, mirlos, ratoneros, estorninos, zorzales etc., me han acompañado durante este recorrido por las últimas tablas de cultivo cercanas al Ebro, posibles candidatas a desaparecer por el capricho constructor del señor alcalde de Zaragoza; con su Expo-pimientos o como se llame. Su crecimiento urbanístico me importa un ídem.


Detrás del árbol hay una zona de tierra inclinada y cerrada, donde la rapaz desplumaba a su presa.


La ronda, ya tocaba a su fin, y después de abandonar la huerta y cruzar el cinturón de asfalto, alcanzo el parque de Torre Ramona, un agradable pulmón verde en esta ciudad con una interesante variedad ornitológica a tener en cuenta. Ya estoy a punto de llegar a casa. De nuevo, cruce de calle para enfilar el precioso paseo de retorcidos troncos y ramas de olivos en línea, vareados ya, por algún vecino madrugador que les ha sacado todo el partido.

Un encuentro visual repentino frena mi trayectoria previa a alcanzar el ambulatorio, situado a menos de cien metros de casa. Quedo inmóvil como una estatua, mirando con fijación a la imperceptible silueta del ave que, fugaz, levanta el vuelo con dificultad desde el foso de la rinconada del edifico. No puede. Exhibe desplegadas las rémiges y rectrices con la bella sincronía del pavo real, pero con una eficiencia absoluta de control, haciendo gala de uno de los mejores quiebros en espacios cerrados que he visto. Tras marcar un precioso rizo ascendiendo verticalmente, pica de nuevo hacia el suelo, y posteriormente, se eleva con fuerza y energía, superando la altura vertical del ambulatorio mediante enérgicos aletazos.

El gavilán (Accipiter nisus), ha optado por la salida más apropiada ante el imprevisto problema, a pesar de rechazar lo más importante para su supervivencia. La comida.


La tórtola turca comenzó a colonizar la península desde finales de los setenta. Se acomodó en las poblaciones, y copiando la conducta mansa de la paloma doméstica, confiaron excesivamente del medio humano, al que dejaron de considerar hostil; sobre todo, al explotar un sencillo nicho ecológico repleto de posibilidades alimenticias.

Hay rapaces como el gavilán que, con descaro, se atreven a cazarlas donde sea, aprovechándose del exceso de confianza de estas columbidas con las personas.


La incipiente sospecha, me lleva hasta el lugar del suceso, hallando yerta y arrinconada a su presa. Conserva todavía algo de calor en su cuerpo, cuya sensación noto entre mis manos. Me estremece el resultado tan crudo objeto de la inmisericorde supervivencia. Es una tórtola turca (Streptopelia decaocto), despojada hábilmente de sus plumas pectorales y dorsales. La cabeza está completamente machacada; la masa encefálica es un auténtico manjar para las rapaces que no desprecian, considerándolo un exclusivo bocado. Rápidamente abandoné el lugar, sabiendo que la rapaz acechaba cerca y volvería a recuperar el merecido fruto de su esfuerzo.


Al cabo de media hora regresé, y el gavilán, ya se había llevado su parte haciendo justicia de su trabajo. Yo me conformé con sacar otra parte del botín que era la fotografía, y por supuesto, la formidable observación de lujo.

No es raro que las rapaces despiecen a sus presas empezando por la espalda, al igual que la masa encefálica, gustan también de otros manjares como los riñones, pulmones etc, no solo los músculos pectorales.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Aljibes: el pozo de la agonía




Si hay un ser vivo, capaz de desafiar las tórridas horas del agostado mediodía, ese es el lagarto ocelado (Lacerta lepida. Actualmente; Timon lepidus). Aguarda paciente, entre el sol y la escasa cobertura de los sisallos, los albardines o las capitanas aferradas a los ribazos y periferias el momento ideal para cazar o, sencillamente, mantener el reposo. La abrasada maleza del linde, separa las tablas del agobiado labrantío que se extiende por cualquier estepa aragonesa. Mientras, nuestro saurio, se permite el especializado placer de ignorar el aplomado calor, que, a duras penas el que escribe, soporta deshidratándose al amparo de una afilada sombra que se desvanece rápidamente.


Las intimidadoras fauces del lagarto ocelado, suponen una importante garantía para su defensa.


Esta, desgraciadamente, es otra variedad bastante más cruda de la formidable fortaleza; en este caso metabólica, del lagarto ocelado.



Fernando, me avisó de la situación del lacértido que se hallaba atrapado en el foso de un aljibe circular. Son construcciones generalmente de la forma mencionada, cuya utilidad es; la de recoger el agua de lluvia o, almacenar la que se vierta para abrevar el ganado ovino, habitual campeador de las duras estepas aragonesas. El poso de barro resquebrajado y cuarteado por la acción implacable de la sequedad, daba cobijo al verdoso “fardacho” (como se le conoce por el lugar) ocultándose cuando tan sólo, atisbaba un leve momento de riesgo en el alto vertical de la pared. La profundidad de las grietas en el barro seco era de unos cuarenta centímetros, y aun así, pese a la dificultad, logramos extraerlo una vez se había empotrado en ella, no sin antes arrancar uno de los bloques con mucho cuidado.


Las especies atrapadas en el fondo seco, generalmente mueren de inanición tras largos días de penuria.


Las imágenes apreciadas por vuestros ojos en la pantalla, son las del pobre lagarto exhausto, consumido casi en su totalidad pero, con la fiereza que les caracteriza; haciendo frente con sus fauces abiertas. No consideramos la necesidad de llevarlo al centro de recuperación, debido a la fuerza que todavía, y a pesar de todo, sacaba de sus mermadas reservas.

La pared de la vieja torre esteparia, le serviría de refugio junto a la opción de entrada a la misma, para que pudiera sorprender insectos abundantes en su interior.


Pareja de lagartos ocelados soleándose bajo un caluroso sol de Mayo.


Dedicaré otra entrada a esta maravilla de la evolución, con otro ejemplar en mejores condiciones, pues hay detalles de su comportamiento sumamente curiosos.

En el otro aljibe, la situación era mejor gracias a una parte sombría protectora de la humedad, apropiada, para la piel de varios ejemplares de sapo corredor (Bufo calamita) que permanecían aletargados bajo una

manta vegetal acolchada y uniforme.





Recogidas entre una piedra y el barro seco; las cuatro jóvenes culebras de escalera (Elaphe scalaris. Actualmente; Rhinechis scalaris), aguardaban ocultas el paso del tiempo frío medio aletargadas, debido posiblemente, a la incierta temperatura todavía no apta para el prolongado y esperado fin.

Concluida la necesaria sesión fotográfica, no exenta de sustos por el mal genio de dos de ellas (muy agresivas), dejaron constancia mediante activos lances de ataques continuados, de una marcada irascibilidad antes de terminar en la saca. Una vez liberadas bajo la segura protección de las amontonadas piedras extraídas del campo, regresaron a una nueva oportunidad sobre el terreno, ahora, con mejores expectativas.


Un ejemplar dócil. Por la forma estilizada de la cabeza, comprobareis que no muestra signos de alarma.


De las otras dos restantes, una de ellas, era sumamente dócil. Qué cosas. La tuve encima, cogida con las manos y mirándola con entregada atención, mientras se deslizaba con suavidad entre mis dedos. No medían más de cuarenta centímetros, cada una de las cuatro. A pesar de su aparente inofensividad por su pequeño tamaño, y no disponer de glándulas venenosas, sus dientes pueden accidentalmente transmitir cualquier tipo de infección por muy remota que sea dicha posibilidad. Hay que andarse con cuidado, pero sin temerlas. Siempre huyen de nuestra presencia como alma que lleva el diablo.


Este ejemplar sin embargo, con las carótidas dilatadas, hizo justicia de su irritable carácter arisco y ofensivo.


Esta es, una pequeña muestra de la trampa mortal que para muchos animales entre aves, mamíferos, reptiles etc., suponen estos depósitos de agua; tanto llenos, como vacíos. Se han presentado muchas opciones para habilitar salidas de evacuación para los animales atrapados, pero ninguna al parecer, se lleva a cabo.



sábado, 21 de noviembre de 2009

Sueños de futuro; pesadilla del presente



Amanece en el territorio de dos parejas de búhos reales y una de águila real

Urbanizaciones para nuestras costas, e industria para nuestras montañas.

Hace unas semanas, conducía de noche por la carretera camino del pueblo. Sobre el horizonte perteneciente a la provincia de Guadalajara (mi pueblo, comunica Aragón con la mencionada provincia), me fijé desconcertado (no es difícil hacerlo) en una resplandeciente constelación que, nada tenía que ver con las auténticas estrellas del universo. Éstas, reverberaban horizontalmente alineadas, con una luz muy blanca y artificial, lo que me produjo una gran desazón acerca del futuro de nuestros paisajes, tanto por el día como por la noche.

No sólo es estresante su imagen industrial, sino, el movimiento de sus enormes palas y el atronador y molesto ruido que producen. Contaminación visual y acústica a mansalva.

No olvidemos, la posibilidad de ser víctimas como la chica de la historieta, del disgusto de nuestra vida (si es que disgusta), al encontrarnos nuestro lugar añorado por su

naturaleza intacta, finalmente, rodeado de barrotes ruidosos como si de una cárcel gigantesca se tratara.









La ironía de mi hija, me encandila. Espero que su entrada como ilustradora, sea una realidad.

Si no podemos con este pelotazo de industrialización, por lo menos que nos quede la opción de protestar con trabajos como el presente.

Colisión de buitre con aerogenerador (pinchar)


Años atrás, recuerdo que firmaba todo tipo de manifiestos antinucleares que caían en mis manos. Estaba plenamente convencido de la necesidad de su erradicación inmediata y, esperanzado ante un futuro mejor con la llegada de otras energías más respetuosas.

Hoy, después de ver el impacto brutal, exterminador, y desolador del paisaje causado por el hacinamiento caótico de los parques eólicos, ya no opino lo mismo. Es una alternativa tan devastadora, que me ahoga en un mar de dudas.

El marketing de la energía limpia, la verdad es, que funcionó de maravilla; recuerdo cuando se montaron los primeros mamotretos eólicos en La Muela (Zaragoza) que, una sonrisa floja se dibujó en mi rostro. No hacía falta ser muy espabilado para predecir el auge posterior cuando se abriera la veda de la industria abonada con el viento y las arcas del estado, y a la vez, tan generosa con sus discípulos. El dinero, que no entiende de ecologismo ni de gaitas templadas, comenzó a hacerlos florecer como las amapolas entre los cereales. Cuantos más mejor; suma y sigue. Esto, no era serio.



Si hacemos un giro completo con la mirada desde este punto de la imagen (en el lugar de origen), tenemos la posibilidad de ver a nuestro alrededor, un horizonte repleto de aerogeneradores.


Los estudios de impacto medioambiental para su instalación en zonas importantes para la fauna, son un auténtico paseo militar a su favor (como decía Cañete del PP, con el trasvase del Ebro).

Ya no voy a entrar, al margen del impacto visual generado (que es más que suficiente), en profundizar en el resto de problemas con los molinitos y sus altibajos con el viento; porque todos sabemos del necesario apoyo de las centrales de ciclo combinado que, sustentan a la red cuando éste no sopla. Y las centrales de combustión, también emiten CO2.

Ahora, desconcertado, contra la energía nuclear y contra el cambio climático y físico del paisaje, me asalta la duda final que puede terminar en carcajada floja. Cuando después de llenar todas nuestras sierras ibéricas de aerogeneradores, resulte que la energía producida no sea suficiente para abastecer al país, ni al negocio de la exportación o, sencillamente, no resulte rentable. Si hay que echar mano del socorrido apoyo de la energía nuclear, entonces, nos vamos a partir el pecho a lagrimaza viva.


domingo, 15 de noviembre de 2009

Fragmento de otoño



La llegada de este particular otoño, algo más cálido de lo habitual por su elevada temperatura y su escaso color, me dejó con las ganas de poder contemplarlo en todo su esplendor. Y así fue como, ni corto ni perezoso, tomé rumbo hace unos días a la gran cordillera de los Pirineos; concretamente, al Valle de Echo en la provincia de Huesca.




Las zonas altas y húmedas de los valles albergan abetales y monumentales hayedos, cuyas hojas ocráceas ya tapizaban la superficie de las laderas. Continuando el descenso, la policromía de los bosques mixtos hasta la misma boca de los desfiladeros, iluminaban con sus hojas áureas la abrupta y tupida amplitud del cerrado entorno. Pinares subalpinos, abetos, avellanos, arces, tilos, abedules, servales etc., abrigaban las faldas de los altivos farallones calizos. Todo es, dejarse llevar con la vista y el olfato a través de la diversa gama de colores, expuesta, por el auténtico milagro del bosque caducifolio. Es la belleza y el éxtasis del mayor espectáculo inimitable del planeta; la naturaleza, expuesta para todos los mortales, al alcance visual de todas las clases sociales.



A 1400 metros de altitud, está ubicado el refugio de montaña de “Gabardito” en las faldas del Bisaurín, antes de llegar a la Selva de Oza, donde cayeron dos huevos fritos con patatas de alta montaña acompañados de buen vino de la región. Como tiene que ser.

Sólo faltaba el punto final a una velada repleta de portentosas vistas bajo el ocráceo follaje del hayedo próximo. Al salir del refugio, allí estaban, les vi volar con el estilo tan peculiar con que se desplazan en planeos mantenidos de descenso. Vuelo en este caso, con alas semiflexionadas, avanzando a velocidad media en dirección seguramente a sus cortados de descanso. Que curiosidad tan grande la de estas rapaces osteófagas, capaces de licuar con sus potentes jugos gástricos la dureza de los huesos con los que se alimentan.

Que pulsaciones tan marcadas las del corazón, cada vez que nuestros escasos quebrantahuesos aciertan a invadir nuestro campo visual.



Acebo ( Ilex aquifolium)


jueves, 12 de noviembre de 2009

Me uno a la causa Gina

Amigas y amigos de la sugestiva blogosfera van publicando entradas sobre el caso de Gina y el síndrome de Rett.


Del blog http://senderismogispert.blogspot.com/ he copiado el texto para colaborar en la difusión de este caso así como de la enfermedad.





Me uno con Emy en su publicacion y ayuda para

Esta adorable niña, se llama Gina y padece sindrome de Reet, su madre Elisabet Pedrosa lucha con el dìa a dìa de esta enfermedad y lo cuenta en su libro "Criaturas de Otro Planeta". Con la venta del libro se recaudan fondos para la investigaciòn de esta enfermedad.
Todos podemos ayudar, pon el sello de Gina en tu espacio y pàsalo a los blog amigos.
Si quieres saber màs visita Criaturasdeotroplaneta’s blog.
http://criaturasdeotroplaneta.wordpress.com/

¿Què es el sìndrome de Reet?
El síndrome de Rett es una enfermedad hereditaria poco frecuente que causa problemas en el desarrollo y en el sistema nervioso, principalmente entre las niñas. Se relaciona con el autismo. Al principio, las bebés con síndrome de Rett parecen crecer y desarrollarse con normalidad. Sin embargo, entre los 3 meses y los 3 años detienen su desarrollo e inclusive pueden perder algunas habilidades. Los síntomas incluyen:

-Pérdida del habla
-Pérdida de los movimientos de las manos, tales como agarrar las cosas
-Movimientos compulsivos, tales como retorcerse las manos
-Problemas de equilibrio
-Problemas respiratorios
-Problemas de conducta
-Problemas de aprendizaje o retraso mental

El síndrome de Rett no tiene cura. Algunos síntomas pueden tratarse con medicinas, cirugía y fisioterapia o terapia del lenguaje. La mayoría de las personas con síndrome de Rett vive hasta la edad madura o más. Suelen necesitar cuidados durante toda su vida.
DE OTRO PLANETA

Como una crónica de la lucha contra el síndrome de Rett es como se presenta el libro 'Criatures d'un altre planeta' (Criaturas de otro planeta), escrito por la periodista Elisabet Pedrosa como madre de una de las 350 niñas afectadas en Cataluña. En forma de dietario, el relato explica los momentos cotidianos de forma clara y honesta, de la lucha de una madre, de una de tantas familias, contra la enfermedad, con las dudas, alegrías y tristezas que van apareciendo con el día a día.

Con la publicación de este libro, que es la primera referencia bibliográfica sobre el síndrome, además de hacer máxima difusión, el objetivo es recaudar fondos para la investigación médica (cada lector destinará un euro y medio a este propósito además del 100% de los derechos de autor), la mayor esperanza para los afectados. Desde la Fundación del Hospital de Sant Joan de Déu de Barcelona i la Asociación Catalana de la Síndrome de Rett, en coordinación con otros centros de investigación, el equipo de Mercè Pineda, neuropediatra especialista en el síndrome, está buscando financiación para un proyecto de investigación de tres años que se prevé de nuevas pistas sobre la enfermedad.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Mirando a los alimoches



1- Pareja de alimoches en marzo de 2008 posados en lo alto de un cortado calizo. Hay otra pareja visible desde aquí, pero su posadero habitual, es una cresta
rocosa bastante más alejada y, compartida con buitres leonados.



2- Preparar el telescopio para sacar esta oportuna foto mediante el digiscoping, resultó de lo más complicado, no sólo por el montaje del equipo, sino, por la pésima capacidad de enfoque durante una creciente sesión de nervios.

El presente año (2009), uno de los dos ejemplares ha faltado a la cita. No se me ocurre otro incidente que, el de su posible muerte; con lo cual, desgraciadamente, ya contamos con un ejemplar menos.


La excursión para la creación de este post, fue fácil y de escaso riesgo. El desgaste físico, apenas hizo mella en mis piernas.

El viaje, comienza desde la cocina de la casa del pueblo, por supuesto, provisto del necesario avituallamiento: una cerveza y algo para picar. Continúa, con el ascenso hasta el antiguo granero situado en la zona más alta y seca de la casa. Una vez allí, saliendo a la galería, se monta el telescopio, y se espera todo el tiempo que haga falta la llegada de cualquier especie de interés, que son todas.


Bromas aparte, a pesar de este enorme privilegio por tan agraciada vista al cañón del río Mesa, quiero recalcar el crudo problema del declive poblacional del alimoche, cuyo número, disminuye a consecuencia, sobre todo, de los venenos colocados por gente miserable en lugares como los cotos, donde se pretenden eliminar indiscriminadamente a otras especies no gratas en sus feudos cinegéticos.

En España, tenemos las dos terceras partes de la población de alimoches de toda Europa, con una estimación poblacional de unas 1400 parejas. Aunque la población permanece estable, existe una ligera tendencia regresiva, a causa de los citados venenos.

Estas aves, evolutivamente, están a medio camino entre las rapaces y los buitres. Los alimoches, conservan todavía una estructura morfológica como cazadores de pequeñas presas; y otra, la faz desnuda; como carroñeros.


Aunque su capacidad velera es inferior a la de los buitres leonados, su escasa dependencia de las corrientes térmicas le hacen más madrugador y, por lo tanto, un campeador muy minucioso de su territorio. Normalmente descubre junto a los cóvidos, los grandes cadáveres del ganado, picoteando primero todas las cavidades blandas. Han de esperar la llegada de los buitres, para poder aprovechar pequeños fragmentos esparcidos durante las peleas, aparte, de los adheridos a las carcasas.

Además de muladares, granjas y vertederos, prospectan carreteras secundarias por su baja afluencia de tráfico, en busca de animales atropellados. También, se alimentan de excrementos de ganado, tal vez, buscando insectos.

La visita a los puntos habituales donde se depositan los animales muertos o, desechos alimenticios, son los lugares preferidos por los alimoches, que favorecen el ahorro energético en sus desplazamientos, ante la seguridad por el depósito alimentario que éstos ofrecen.




3- Alimoche escudriñando en derredor del nido de un pollo de buitre leonado de unos 70 días de edad. En principio, pensé que se trataba de una acción de molestia al pollo para hacerle regurgitar su contenido estomacal. Pero en posteriores observaciones, veo que el contacto del alimoche con el buitre no llega a producirse.

Lo que si es cierto, la irascibilidad con la que el pollo del leonado recibe la presencia del alimoche, ajeno éste a sus malas intenciones. Las dos fotos, revelan la acción tras varios minutos de encuentro.




4- Efectivamente, el joven y emplumado buitre leonado, observa perplejo como yo; no dando crédito al fruto misterioso conseguido durante el campeo del alimoche. Los aumentos del telescopio no dan para más, y no consigo distinguir lo que pinza y come con el pico: insectos necrófagos atraídos por los deshechos, parásitos, egagrópilas reciclables, o algún tipo de mineral integrado en las heces de los buitres. No lo sé, pero me tiene muy intrigado.



5- El emplumado joven buitre leonado que, se halla a la derecha del alimoche al que terminó expulsando; cuando tenía unos cincuenta días, fue visitado como es habitual, también por los cuervos. Sólo que, el mencionado día, había fila. Mientras el cuervo giraba alrededor del pollo, este último, le amenazaba con el pico, y el córvido insistía mareándolo hasta hacerle regurgitar, por lo visto, poca cosa. La grajilla, por orden jerárquico, esperaba su turno. Retirado el cuervo, entraba en acción este córvido menor, pero, sinceramente, más cruel. Picotazos en el dorso; justo en el radio muerto de acción del indefenso pollo, le hacían retorcerse en todos los sentidos, pero claro, a veces la digestión ha consumido el alimento o, el poco que quedaba, se lo ha agenciado el anterior extorsionador.

Asimismo el quebrantahuesos, como comenta David Gómez Samitier en su libro “Pájaro de Barro”, provoca a un adulto de buitre leonado hasta conseguir su vómito; que después, consume placenteramente.

Es increíble, lo que puede llegarse a ver en un ejercicio de observación desde un punto tan privilegiado como éste.


viernes, 30 de octubre de 2009

Víctimas del asfalto


Perdidos en las cunetas de las carreteras, yacen multitud de seres golpeados por los vehículos que las transitan.

La creación de infraestructuras (vías de comunicación) a nivel nacional, es reivindicada como riqueza de trabajo y modernización por gran parte del país, avalando el desarrollo económico y generando empleo y bienestar gracias al acceso inmediato y cómodo entre poblaciones. En su parte opuesta, olvidamos su enorme impacto negativo en el medio natural.


Estas estructuras lineales dividen el territorio y, los vertebrados que allí habitan se ven obligados a cruzarlas por diferentes motivos, entre ellos: dispersión juvenil, búsqueda de pareja, localización de zonas húmedas para criar (sapos), oportunismo al alimentarse de otras víctimas atropelladas, etc. Es por ello que, estos obstáculos totales o parciales por donde trascurren las especies, en este caso; de estructura lineal (carreteras y autopistas) y que se conoce como “efecto barrera”, ejercen de muro ecológico limitándoles por el aislamiento el paso a otras zonas con nuevas posibilidades. Cruzarlas, supone un riesgo enorme, cuyo desenlace mortal en la mayoría de las ocasiones depara, ya no por la vía en sí, sino por los vehículos que la transitan a gran velocidad una importante merma en sus poblaciones.


También, el final de trayecto llega para estas criaturas mecánicas que, una vez abandonadas, son absorbidas por la vegetación activa de la naturaleza.


La cifra es escalofriante: unos “diez millones de vertebrados”, mueren atropellados al año en nuestras carreteras y autopistas españolas. Son estimaciones de algunos autores tras el estudio de impacto, sobre el mencionado “efecto barrera”.

La moderación de la velocidad, es uno de los mejores recursos para frenar esta gran mortandad de animales que, inconscientemente cruzan dichas barreras.


miércoles, 28 de octubre de 2009

Todos exigimos el mismo tren de vida.

Por Miguel y los demás.



"Cuando a una persona con una capacidad diferente le dicen NO SUBAS TU SILLA, le están diciendo que deje sus piernas, que se separe de una parte de sí mismo, que se separe de su LIBERTAD".


Cuando a una empresa de este calibre cómo RENFE, le impiden que utilice su cerebro, quizás porque no lo tiene o, no tiene corazón, repercute negativamente en gente cómo Miguel (http://www.asaltodemata.com/) y, en todos los que pasan por su mismo problema.

Los españoles, estoy plenamente convencido; no pagamos impuestos para que el AVE sea para uso exclusivo de un determinado tipo de gente. Es un tren para todos, “de todos” ¡¡¡T-O-D-O-S!!!


Es lamentable que Miguel, después de recorrer medio mundo con su empeño, echando gran valor y muchas ganas y, habiéndosele quedado su minusvalía en cierto modo pequeña por su gran coraje; aparezca RENFE, con su impresentable insolidaridad confirmándose cómo la barrera de la vergüenza, infranqueable, gracias a su falta de interés por esta gente que también mueve el mundo.


BASTA YA, GRITAD TODO EL MUNDO CONMIGO BASTA YA, Y HACERSELO SABER A RENFE Y A QUIEN HAGA FALTA.


martes, 20 de octubre de 2009

Búho real: encuentro con una madre de armas tomar


Hay que considerar sin duda alguna, la valentía de un búho real desprotegido durante el día para, defender a sus crías.

Un territorio


Los nidos de búho real suelen instalarse comúnmente, en escarpes verticales de alturas diversas. La abrupta dificultad orográfica del terreno, depende de los materiales geológicos que la componen, como: yesos, calizas, o tajos arcillosos entre otros.

En cuanto a la abundancia de vegetación donde ocultar el nido, también repercute la orientación de los farallones; siendo la cara norte por la humedad acumulada y horario solar menos intenso, la que favorece una mayor cobertura vegetal.

La predilección selectiva de la oquedad, repisa, o fisura para nidificar, es labor de la hembra, y sus preferencias suelen ser muy amplias, dependiendo de sus exigencias individuales: desde espaciosas oquedades de tres metros de anchura por dos de altura; hasta un ajustado hueco de 50 cm. de anchura por 30 cm. de altura.

Los nidos y posaderos, son más habituales en umbría que en solana.

Hay también, nidos accesibles en la base del cortado, y otros, inabordables por su altura, ubicados en la zona media vertical a 40 metros o más.

Es increíble la diferencia de carácter entre ejemplares de la misma especie. La progenitora frente a mí, controla también, los ataques de otros enemigos que atacan por la retaguardia.


En el caso que nos ocupa, el nido además de accesible, -pues no superaba los 2 m. de altura del suelo-, se sitúa en un escalonado bloque calizo de no más de 15 m de altura.

Sin embargo, la cobertura vegetal reinante muy tupida de: romeros, aliagas, ephedras, sabinas negras, enebros, cornicabras, carrascas, etc., le ofrecen la necesaria protección durante el desarrollo de la cría.

Frente a este pequeño bloque rocoso, hay otro de mayores dimensiones (unos 70 m de altura), que es utilizado como alojamiento por la pareja de adultos de dicha rapaz nocturna durante, y fuera del periodo reproductor. Aunque no anidan en él, por la habitual algarabía del centenar de buitres leonados hacinados, que aquí pernoctan. Si lo utilizan como posadero, aprovechando la presencia abundante de poblados arbustos de todo tipo.

Esta imagen, revela la estrategia de la hembra al cambiar de lugar, quizás, buscando mi espalda para desconcentrarme.


Revisión de la zona de cría


La fecha crítica de desarrollo de los pollos había culminado, y éstos, ya no se hallaban dentro del nido. Era el momento ideal para abordarlo y, recoger despojos de las presas más interesantes que habían quedado abandonados. Todo el material de deshecho disponible, serviría para un posterior análisis alimentario del búho real.

Recién llegado a la base del nido, y amagar el ascenso, comienzo a escuchar de la hembra de búho real su estridente voz de alarma.- De todas las progenitoras de esta especie que conozco, es la segunda en reaccionar de modo semejante-. Por lo tanto, su estridencia vocal no me resultaba desconocida.

Las notas son cortas, pero muy agudas y audibles en toda la vaguada montaraz.

-El ulular del macho, es de tono más alto y grave que el de la hembra, a pesar de ser el primero, de menor peso y tamaño-. Sin embargo, la voz de alarma en la hembra, aunque es más aguda, suena más.

Enseguida vuelvo la vista, y la descubro al borde, en lo alto del farallón calizo mirándome fijamente y, apartada de la pequeña encina que le ofrece cobijo. Sus ojos, abiertos al máximo, apenas dejan destacar las imperceptibles pupilas perdidas en un mar anaranjado. Su dorso, con las plumas erizadas y las alas ligeramente ahuecadas, evidencian sin duda, una amenaza en toda regla.

Para cerrar el conjunto de detalles iracundos, el más impactante es; ver sus mechones filiformes (vibrisas táctiles blancas alrededor del pico) y los dedos de sus garras, ensangrentados. Seguramente, de haber alimentado a los jóvenes intrépidos, ocultos en las inmediaciones del nido.


Todo transcurre en torno a las 11 horas de la mañana. Quiero irme, y por ello provoco indirectamente la salida de la rapaz que vuela con decisión, rodeando perimetralmente mi ubicación.

Ya no sé qué hacer, porque cada movimiento mío, lo interpreta como una amenaza. Opto de inmediato por acomodarme, apoyado en la pared y mirándola a placer. Estoy asombrado por la valentía y arrojo de tan guerrera madre, y sin apartar su mirada de mí, va sorteando y esquivando todas y cada una de las aves hostigadoras que la asedian, como: cernícalos, mirlos, aviones roqueros, grajillas etc.

No he visto jamás, tanta entrega en defensa de la progenie, en rapaces.

Tengo que señalar, su capacidad simultánea de control hacia mi persona, y a la de los especímenes aéreos atacantes. Cómo no, sopesando también, la nefasta posibilidad de ataque del águila real cuyo territorio comparten. Casi nada, dos parejas del gran búho real en el mismo feudo que el de la reina de las aves, ésta última, depredadora ocasional de jóvenes búhos.

Territorio de la rapaz; incluidas dos hembras de cabra montés y un recental.


El carácter de una madre


No consentí la posibilidad de una tercera vez, y en prospecciones posteriores para controlar a los jóvenes, desaparecía solamente al oír la voz amenazante de la madre.

Pero no quiero terminar, sin comentar el placer de mí derrota (simulada), ante el audaz desafío del búho real.

Fue el año siguiente muy semejante al anterior, pero, esta vez la rapaz hiló más fino, quiero decir: con mayor presión amenazadora.

Me acechó a tan sólo 20 metros de distancia, porque el joven esta vez, se hallaba en la base del cortado completamente desprotegido. Era una vía de riesgo transitada por mamíferos depredadores. Le cogí rápidamente, lanzándolo con sumo cuidado a una repisa con vegetación abundante, y con vuelo torpe, logró ocultarse adecuadamente. No pasó desapercibida la acción presenciada atentamente por su progenitora, y ello, fue el detonante. Temía incluso, por mi integridad física. Quedé mirándola escasos segundos y reaccioné, ésta vez, le daría la batalla por ganada al salir corriendo.


De impresionante e indescriptible, detallaría la sensación que me provocaba al sentir aquella mirada espectral y de animadversión, incluida la fuerza sonora de chasquidos y desgarradores alaridos. Miré hacia atrás unos segundos, cuidando de no tropezar, y recuerdo sin lugar a dudas, esa sensación de victoria por parte de la hembra de búho real. Se regodeó desde la roca, con un gesto muy propio de satisfacción en las aves al sacudirse el plumaje, y acicalarlo después. Todo un ejercicio de calma posterior, a una labor ofensiva bien realizada.

De nuevo, y alejado ya, volví a mirarla. Se despachó con un potente vuelo de casi dos metros de envergadura y algo más de tres kilos de peso, ascendiendo con soberbia a su posadero habitual de la pequeña encina. Allí se ocultó a continuación, en su puesto estratégico de guardia.


Hembra acicalándose en su encame.