miércoles, 21 de marzo de 2018

La memoria no me cuadra con los viejos apuntes.




Hay un estudio publicado en Journal of Neuroscience de 2014 en el que debido al funcionamiento de nuestra memoria, el cerebro modifica nuestros recuerdos, vamos, que nos engaña. 
El hipocampo es la parte del cerebro encargada de esta labor de edición, el de la memoria, para mediar en la generación y la recuperación de recuerdos.
Donna Jo Bridge, principal autora del estudio e investigadora en la Universidad Northwestern­,afirma que los recuerdos se adaptan a nuestro entorno, que cambian constantemente, para ayudarnos a sobrevivir y afrontar los problemas. “La memoria no es como una cámara de vídeo –explica–, sino que edita cada escena para crear una historia que encaje en tu presente”. 
El cerebro reescribe los recuerdos para que se ajusten mejor a nuestra forma de pensar actual, porque el objetivo de la memoria es ayudarnos a tomar decisiones. 


Hembra de Águila de Bonelli Aquila fasciata



El estudio resulta de lo mas interesante y no hay otro modo de reconocerlo que por medio de los apuntes, los cuales, "creemos recordar con pelos y señales"; nada mas erróneo.
Todas las entradas, por fortuna, están bien anotadas y archivadas fruto de la captación del momento, puesto que fueron escritas en el campo seguidamente al concluir la observación. Sin embargo, en mi caso, al buscarlas con la idea de mi vago recuerdo, ambas, la del archivo y la memoria poco se parecen.
En la entrada del halcón peregrino Falco peregrinus -por citar una concretamente-, el ataque del falcónido pensé que era hacia el macho de Águila de Bonelli Aquila fasciata en el periodo de exhibición ante la hembra, pero, resultó ser hacia la hembra cuando abandonaba el nido para desentumecer los músculos. 

Ejemplos hay muchos y, ya me sorprendía demasiado, a veces algo decepcionado, creer haber visto algo mas grandilocuente que lo aparecido en las notas del cuaderno, mas veraz que nuestro divagante hipocampo.

Os dejo con una de las joyas de la fauna Ibérica, en este caso la hembra de la pareja, la misma que se ha zampado ya el segundo ratonero (restos en uno de sus posaderos).








sábado, 17 de marzo de 2018

Ver correr al zorro



No desaprovecho ninguna ocasión de ver al zorro Vulpes vulpes en su elegante carrera. Es hipnótico sentir la destreza de sus zancadas durante una aceleración y velocidad incesantes con las que trata de abandonar el escenario del peligro.
Si había una descripción elegante, era la sentida por el Doctor Félix Rodríguez de la Fuente en los apuntes personales de sus cuadernos de campo, una retórica realmente apasionante.

Os dejo la nota de campo sobre el zorro del cuaderno nº 11, sobre todo, para aquellos que la desconocéis. 
Unas sabias y sentidas palabras de respeto por la naturaleza me convencieron más que cualquier exposición por parte del mundo científico.  



"La realización de películas zoológicas permite descubrir matices de la conducta o la morfología de los animales que muchas veces, escapan al más penetrante de los observadores.Filmando distintas especies de la fauna ibérica en plena carrera, sobre distancias previamente registradas,nos llama a todos la atención el fantástico "sprint" del zorro; pero no sólo por la enorme aceleración que alcanza en pocos metros o por la velocidad punta que mantiene la carrera del zorro que a los operadores, a los naturalistas del equipo, incluso al personal técnico, como los conductores, les deja absolutamente prendados.  El zorro no corre como el lobo, prodigioso fondista, o como el torpe tejón o como el agilísimo lince. Se mueve con una armonía absoluta, con una elegancia que no pueden olvidar quienes hayan observado en una limpia pradera la carrera de un raposo sobre los cien metros lisos.   
¿Qué tiene, entonces, el galope del zorro, para resultar tan bello? La moviola, esa reveladora máquina que permite "ralentizar" detener o acelerar las imágenes cinematográficas nos descubre el secreto. Trazando dos líneas horizontales, perfectamente paralelas, la superior exactamente sobre las orejas del zorro y la inferior bajo las plantas de sus zarpas, podemos comprobar que el raposo, ahora en pleno galope, no desplaza ni un centímetro el centro de gravedad de su cuerpo hacia arriba o hacia abajo; avanza con tanta perfección cual si su carrera se realizara sobre ruedas equipadas con cojinetes de precisión, en lugar de hacerlo sobre miembros construidos con músculos, huesos y nervios."

Félix Rodríguez de la Fuente. Cuaderno de Campo nº 11, (El zorro) 



domingo, 11 de marzo de 2018

HALCÓN PEREGRINO: azote de grandes rapaces



El fin de semana pasado fue espectacular ver a la pareja de halcón peregrino Falco peregrinus sobrevolando la peña de los buitres leonados Gyps fulvus, sobre todo, por la intensidad de su reclamo estos días previos a su reproducción. Lo mejor de todo, es la posibilidad de verlos desde casa, desde la terraza, puesto que el posible nido en el que los vi introducirse, aunque me queda lejos, puedo seguirlos haciendo uso de los 60 aumentos del telescopio, eso sí, mientras no haya reverberaciones.
 
Macho posado y hembra en vuelo.




RÍO HUERVA 23/ABRIL/2008

A lo largo de la mañana una moto y un quad atronan el valle del Huerva provocando una notable inquietud en la rapaz que protege a su descendencia.
Con la hembra de águila de Bonelli Aquila fasciata en el nido, observo con asombro como repentinamente la blanca rapaz emite alarmada un potente reclamo abandonando el nido a continuación. La razón, una pareja de águilas reales sobrevolando su nido. Parece que trata de alertar al macho para duplicar la fuerza defensiva. Afortunadamente, las grandes rapaces se alejan y todo vuelve a la calma.

Un buitre leonado, seguramente dirigiéndose a su nido, se cruza con la hembra de Bonelli montando la guardia de su zona de cría que prospecta minuciosamente. Acto seguido, el necrófago se ve asediado por los ataques impactantes del águila de pecho blanco. El sonido de los golpes secos causados por el aparatoso quiebro ejercido por el buitre para evitar los envites del águila de Bonelli retumban hasta mi observatorio. Me estremece la intensidad de la inmisericorde agresividad contra el pacífico buitre leonado que trata de evitarla sin abandonar su ruta pero, soportando a duras penas la agilidad de esta mediana rapaz tan maniobrera durante su ejercicio hostil.

Paradójicamente, el perseguidor pasa a ser el perseguido. Un halcón peregrino, con sus garras, acuchilla en vuelo al águila de Bonelli. Con fugaces picados de extraordinaria recuperación gracias a la inercia súbita, el falcónido es capaz de multiplicar los ataques acelerándolos en un reducido espacio de tiempo, ocasionándole al águila cierta indefensión dada la incomparable velocidad de su adversario. Así, el águila de Bonelli apercibida por la grandiosa capacidad voladora del falcónido, se aleja de su zona nidificante.

No hay azote más destacado y pertinaz para las tres grandes rapaces; águila real, águila de Bonelli y búho real que el de los fulgurantes ataques del Halcón peregrino. Todas han sentido en alguna ocasión la penitencia de sus insistentes picados acompañados de leves impactos.

Terminaré con el estoico búho real Bubo bubo, una fiera nocturna cuyo vuelo es muy deficiente comparado con el del halcón peregrino para esquivar sus ataques. 
Hace unos años, en unos cortados del río Dulce en Guadalajara, un macho de búho real había abandonado su posadero espoleado por la voz de un competidor cercano. Se colocó en lo alto del anaranjado risco cuando la luz del sol era todavía bastante apreciable. 
Apareció el halcón peregrino con su reclamo agudo y alarmado, al cual, la nocturna no le pasó desapercibido. Mientras los seguía con el telescopio, los encendidos ojos del búho real sólo buscaban la ubicación del congénere desafiante. El peregrino se limitaba a picar sobre la cabeza de la estrigiforme, y ésta, se agachaba en cada uno de ellos. La enraizada territorialidad del búho real restaba importancia a las molestias del peregrino, sólo le inquietaba el macho rival. 
Cuando la noche descomponía las formas, el búho real se creció aliándose con las tinieblas. El halcón se posó en la otra punta del cortado gritando lastimeramente, impotente por la llegada de la oscuridad donde la velocidad ya no le servía para nada.






Elegí el lugar correcto, a pesar de quedar algo lejos de los halcones. 
El macho se posó arriba del cortado y la hembra algo mas abajo, ambos llegaron después, pero, me obsequiaron con estas vistas. 
Se aprecian sus garras ensangrentadas y el buche lleno, ya que el macho la había obsequiado anteriormente con una presa muy temprana. 


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