domingo, 26 de mayo de 2019

Nido malogrado de búho real (3ª parte)




Como era previsible, a pesar de tantas visitas de la hembra de búho real Bubo b. hispanus al nido, no fue, en este caso, el elegido para anidar.
Por otro lado, era la ocasión perfecta para experimentar el escenario del año pasado al abandonar definitivamente la rapaz nocturna el nido con dos huevos.
En el siguiente paso aprovecharía para recrear, similarmente, otro abandono del nido. Escenificar la puesta con el mismo número de huevos que el año pasado y, el apoyo de dos cámaras de vídeo trampeo, me proporcionaría imágenes tanto diurnas como nocturnas. Quería tener la oportunidad, bajo esa presión incontrolable de curiosidad, de poder descubrir qué córvido o ave podía haber horadado los blancos huevos de la puesta de la hembra del búho real con tanta precisión. No terminaba de convencerme la herramienta basta de la corneja negra Corvus corone, el cuervo Corvus corax o la grajilla Corvus monedula. De la chova piquirroja Phyrrhocorax phyrrhocorax desconozco si los huevos entran en su dieta; sin embargo, el bisturí de este córvido parecía el ideal para tan refinado trabajo.  


El nido vacío, y la pareja anidando en otro lado, propiciaba la combinación perfecta para reproducir el montaje del nido abandonado. 

Dos huevos blancos de similar tamaño plagiarían la puesta del búho real.

Pero, el mundo es cambiante en cada momento y, la oportunidad que se le brindó al ave comedora de huevos el año pasado, éste se la presentó a un mamífero tan ágil trepando por la roca como el búho real atravesando la noche. 

Con dos huevos de gallina de un tamaño similar al de una puesta de búho real escenifiqué la idea del abandono definitivo. Presenté una réplica del nido con la colocación de dos pequeñas cámaras durante una semana enfocando los blancos huevos y, la segunda noche, ocurrió el desenlace. 

                                         

Como nota curiosa de este territorio, comentar gracias a tres observaciones puntuales que, una sabina negral Juniperus phoeniecea ubicada a baja altura en un rincón del barranco albergó en días distintos al búho real, la garduña Martes foina y la gineta Genetta genetta.
Un lugar cómodo por el que tres especies sabedoras del descanso, no se pueden equivocar. 
El posadero, por el uso habitual, correspondía a la rapaz nocturna. 


viernes, 24 de mayo de 2019

Nido malogrado de búho real (2ª parte)



Nido desatendido tras el fracaso de la puesta.

Una vez comprobado el triste final de la puesta del año pasado, me centré en averiguar las posibles visitas al nido de la rapaz de la noche a partir de agosto del mismo año.
La primera labor, eliminar el exceso de huesos y piedras para dejar una superficie mullida y lisa, de modo que se imprimieran con nitidez las huellas de la rapaz.
Como adelantaba en la anterior entrada, veía con los prismáticos desde lo alto las huellas lobuladas de las garras del búho real Bubo b. hispanus en la tierra esponjosa. Alisaba el cuenco y, a la semana siguiente (no siempre), había sido escarbado o pisado levemente de nuevo.  


Cuenco del nido reparado por mí para comprobar las visitas posteriores de la hembra de búho real. 


La primera actividad y presencia de la rapaz después de la reparación, correspondía a tres meses antes de la puesta e incubación por esta zona.
Se aprecian con nitidez las almohadillas plantares de la hembra de búho real.

En un principio, el hecho de averiguar la utilización del nido antes de la reproducción, lo entendía como una restauración o cuidado previo del cuenco para ese fin. Pensé que tenía como finalidad el mantenimiento de dicho espacio para la cría posterior de la hembra de búho real. Nada mas lejos de la realidad. Tanto en otros ejemplos de nidos, como en el presente, la rapaz podía utilizarlos como lugar de descanso y, así pude comprobarlo. 


Sentía una enorme curiosidad por tener el privilegio de observar, mediante una pequeña cámara de vídeo nocturna, la delicadeza de la hembra de búho real, a la cual, tan sólo sentía mediante la observación de sus huellas impresas en el terreno.
El momento se hizo presente y la rapaz apareció como era de esperar. Sin embargo, las penumbrosas luces del dispositivo de iluminación hicieron recelar a nuestra protagonista. Ver en la imagen a la rapaz trémula debido al efecto de lo desconocido causado por la cámara, me hizo desistir de mas sesiones.

Posteriormente, como no podía ser de otro modo, continué con el borrado de huellas, y la hembra de búho real, siguió marcándomelas en la suave tierra de su acogedor espacio nidal.
Que descanso...




jueves, 23 de mayo de 2019

Nido malogrado de búho real (1ª parte)




Observar desde caminos, como si mi persona correspondiera a la de cualquier agricultor o ganadero de la zona, da mas tranquilidad a las aves aposentadas en sus nidos.
Con el búho real Bubo bubo hispanus funciona bien, si no te sales del trazado. Te observa, pero, condicionado por tu acción de seguir la marcha y no demorarte en la parada demasiado tiempo. Hay que disimular, aunque parezca absurdo, cuando se mira. A los animales no les gusta mucho las miradas fijas hacia su ubicación, se sienten localizadas y, por ende, vulnerables.





En esta ocasión, no vi a la rapaz en el nido a pesar de la distancia marcada para no molestar, ni siquiera, utilizando el telescopio. Entonces, desistí del lugar para dedicarme a otras zonas.
El mes de junio del pasado año, acudí otra vez para ver posibles rastros y me encontré con el nido desvalijado. Los huevos habían sido devorados, probablemente por córvidos. No sabía qué podía haber ocurrido hasta que aprecié la repisa llena de excrementos y huellas de cabra montés Capra p. hipanica. Es posible que la cabra utilizara el oculto lugar para descansar repetidamente, lo que daría al traste con la puesta del búho real.


Nido de búho real de frecuente utilización correspondiente a otra pareja
Con la expansión de la cabra montés, esta oquedad fue objeto de ocupación como paritorio de dicha especie. 
La superficie comparte excrementos del ungulado y restos óseos antiguos con egagrópilas desmenuzadas de la última crianza del búho real en 2018.   


Un primer plano muestra los restos óseos y una funda roja de la mandíbula superior de chova piquirroja, todo rodeado de excrementos de cabra montés.

Hice un seguimiento casi semanal de la repisa nidal borrando las huellas para comprobar la visita de la hembra al lugar. La rapaz seguía visitando su nido y marcaba el cuenco (fuera de la época de cría).
Para comprobar que se trataba del búho real y no de otra especie la que ahondaba la depresión del nido, coloqué una cámara de vídeo-trampeo muy pequeña.
El resultado fue interesante, a pesar de no conseguir el efecto deseado; ver a la rapaz nocturna arañar la tierra con sus garras.


Este huevo fue apartado del nido unos tres metros y consumido detrás del lentisco.



La entrada consta de cuatro partes, tres de ellas son vídeos de corta duración. Nos muestran el curioso acontecer en una repisa de poco mas de 6 metros cuadrados, donde hay un ejemplar notorio de lentisco, ruscos y hierba tierna alrededor del nido. 
Veremos tres especies actuando al margen unas de otras pero, con la autoridad indiscutible de la hembra de búho real visitando su nido.

martes, 21 de mayo de 2019

Alimoche sigue visitando carroña de buitre leonado




A pesar de acostumbrarme a las imágenes de explotación de carroñas donde los alimoches y los córvidos hallan las reses muertas yendo todos a por las zonas blandas, ésta vez no lo vi así. 
En la anterior entrada os comentaba como el pequeño carroñero consumía partes tiernas del buitre leonado.
Pues ahora, de nuevo, pasado casi un  mes, lo veo posado sobre el cadáver del gran necrófago tratando de extraer lo mas comestible o aprovechable de la carcasa emplumada. El buitre leonado está mas seco que la mojama y los pellizcos apurados del alimoche no le dan para algo mas que cecina coriácea o algún coleóptero necrófago que llevarse al buche.
Es posible que las tiras deshidratadas de la carne arrancada por el alimoche le supongan un nutriente efectivo, dada su capacidad gástrica para digerir esos retales aparentemente incomestibles.
Después de ingerir todo lo posible vuela hacia el nido y, supongo, que para aportar algún retazo del ave muerta a la hembra interna en la oquedad. 
Tras la fugaz visita al nido, de nuevo a su posadero habitual en la sabina del cortado donde pasará la noche.

Cañón del río Mesa, 11 mayo 2019, 20´37 h. 


Las visitas de los alimoches a los nidos de buitre leonado son habituales, sobre todo, al atardecer. Son prospectores concienzudos en busca de restos de alimento aparentemente incomestibles.
En la imagen ampliada, el macho de alimoche aborda un nido de buitre leonado donde el pollo está mucho mas desarrollado que el resto de la colonia. 


viernes, 3 de mayo de 2019

Alimoche comiendo buitre leonado.



La enfermedad de "las vacas locas" o encefalopatía espongiforme, es una enfermedad que afecta al cerebro y al sistema nervioso. El patógeno responsable es el prión, una proteína capaz de infectar a los humanos mediante el consumo de carne de vaca. 
Las investigaciones relacionaron la enfermedad con el ahorro de producción en la nueva fabricación de piensos, hechos con huesos y restos de animales terrestres, entre ellos, cabras y ovejas.

Ya han pasado algo mas de 25 años desde que se registrara el primer caso de la mencionada enfermedad que obligó a deshacerse de una gran parte de esta ganadería bobina, incinerándola y enterrándola para atajar el problema.
La peor parte se la llevaron los carroñeros alados como el buitre leonado. Desesperados por el hambre, abordaban contenedores de explotaciones ganaderas, acercándose con menor recelo a granjas de todo tipo con la única intención de alimentarse.

Detalle de buitre leonado devorado por otros buitres años atrás. Nótese el estiramiento del cuerpo por la acción de los comensales y, abajo, el esternón picoteado.


Comento esto, precisamente, por que hallé debido a estas circunstancias y en aquellos años, el primer buitre leonado Gyps fulvus consumido por sus congéneres. Fue un hecho desconocido para mi muy desalentador por la conducta de esta rapaz carroñera, empujada al hambre por la restricción del abandono de animales domésticos en los montes a causa de la enfermedad de las vacas locas. 

Por fortuna, desde hace bastantes años, los buitres que encuentro muertos son respetados por sus semejantes y devorados solamente por otros carroñeros como zorros Vulpes vulpes, garduñas Martes foina, tejones Meles meles, etc. "Perro no come perro"; así lo comprobó un equipo internacional de investigadores que explican que "los carnívoros saben que la carroña de sus semejantes provoca enfermedades". Sin embargo, el hambre rompe esas barreras, incluso en las normas humanas tal como ocurriera a aquél equipo de personas accidentado tras caer su avión en los Andes. La desesperación les obligó a aceptar la única disponibilidad de alimento; sus propios compañeros muertos.

Posadero de alimoches en sabina antes de comenzar la cría. Abajo, el macho solitario mientras la hembra ocupa el nido en otro lugar.


Desde la ventana de casa, donde veo el dormidero de los alimoches Neophron percnopterus, descubrí un buitre leonado muerto gracias al blanquinegro buitre. El cortado rocoso es una gran colonia de cría de buitres leonados y también un dormidero comunitario. Está claro que el ejemplar comentado no despertó aquél día y quedó apoyado frente a la roca con las alas abiertas. Tan sólo unos 50 metros separaban al alimoche de la nueva carroña. El mismo dormidero compartido sigue utilizándolo el macho en solitario, ya que la hembra está en el nido. El pequeño buitre sabio no tenía mas trabajo que descender hasta la despensa para alimentarse. Desde las 8´00 horas de la mañana y durante los tres días que lo observé, estuvo visitando los restos del buitre. Una buena fuente de alimento para él sólo, sin otra compañía que la de las grajillas Corvus monedula. 

Zona inaccesible donde yace el buitre leonado. Abajo, la misma imagen ampliada donde se aprecia al alimoche desgarrando la zona dorsal del gran buitre. 

En esta ocasión, la distribución de carroña en los muladares hace ignorar a la colonia de buitres leonados la muerte de uno de los suyos, algo que favorece al tempranero alimoche para avituallarse. Un interesante botín que le ahorrará, por unos días, esas interminables prospecciones en busca de alimento que compartir también con su pareja.



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