sábado, 17 de noviembre de 2018

Sobre las cumbres calizas


Águila real, Aquila chrysaetos

Estoy concentrado en el vuelo sostenido del águila real. Planea como los buitres, sin embargo, no lo hace con mayor capacidad, sino con soberbia; afirmaría que asimilada por el poder ostentado sobre el resto de criaturas a lo largo del valle empantanado. Tiene la supremacía real para someter al resto de especies a su presión cinegética; hasta el búho real Bubo bubo, realeza de la noche, lo sabe y la teme.

El repiqueteo de unas piedras por el canchal me pone alerta. Es el ruido característico de algún mamífero caminando por la ladera que, al paso, con sigilo, las desplaza inevitablemente rompiendo su punto de equilibrio haciéndolas rodar. Pronto doy con él. Es un rebaño de cabra montés Capra pyrenaica hispanica caminando lentamente, cuyo frente dirige una hembra. Las más jóvenes sólo piensan en alcanzar el pasto que sacie su hambre, y los machos, también jóvenes, en un lugar tranquilo para descargar su fuerza contra el oponente y ganar la aceptación de las hembras para aparearse tras la victoria de la contienda. 
El ritual de combate lo llevan a rajatabla y, como puedo comprobar, con juego muy limpio. Ambos contendientes se dan tiempo, miden sus cornamentas, se elevan sobre sus extremidades posteriores y las chocan con fuerza provocando un gran estruendo, repetido por el eco debido al encajonamiento del lugar entre paredones calizos. Ahora, en época de celo, los ejemplares se dejan acercar más.



Bienvenida la estampa de esta especie que llena los montes del valle del río Huerva, antaño tan desolados y vacíos. Según los registros de los agentes de protección de la naturaleza, la expansión de la cabra montés llegó desde los Puertos de Beceite hasta este lugar allá por el año 2000; expandiéndose simultáneamente por el Sistema Ibérico hasta hoy. 


Excelente resumen documental en vídeo sobre el celo del macho montés; por el autor Javier Abrego García.

















Coronarse con grandes cornamentas es sinónimo de muerte. De este modo absurdo, termina la mayor cantidad de cabras montesas sus aspiraciones en la naturaleza; con el disparo fulminante de un cazador aventajado.


lunes, 12 de noviembre de 2018

En el valle del río Mesa




Al comienzo de una excelente mañana, de momento calmada de fuerte viento, escogí un buen lugar para observar la actividad de los buitres leonados; especialistas en el ahorro de energía de largos desplazamientos mediante el planeo.
Para ello, tuve que esperar la larga sesión solar de estas necrófagas, útil para sintetizar la vitamina D. Además, el soleamiento con las alas abiertas se relaciona con la lucha contra ectoparásitos y el mantenimiento del plumaje; también, en condiciones meteorológicas adversas (lluvia y frío) para la termoregulación. 
El impresionante canal calizo que cerca al río Mesa, acoge en sus repisas, oquedades y anfractuosidades multitud de especies rupícolas que en él buscan cobijo y espacios para anidar. Los más visibles por su tamaño son los buitres leonados, cuya silueta destaca en cualquier altozano. 

Villa de Calmarza


Cuando la temperatura sea la adecuada para la formación de corrientes térmicas, los buitres comenzarán a abandonar los puntos de reunión donde toman el sol, y seguidamente, prospectarán desde el cielo el vasto territorio en busca de alimento.


Al chocar el viento contra laderas y cortados forma una fuerte corriente ascendente que eleva cómodamente a estas aves veleras; otro método añadido al de las térmicas, para ganar altura sin esfuerzo.




El cañón del río Mesa es uno de los ejemplos más bellos de arquitectura kárstica del territorio español.



El Villar, donde se concentran los almacenes y pajares. Antaño, en las eras, con la utilización de trillos provistos de cortantes piedras de pedernal y tirados por mulos, se machacaba la caña del cereal y las espigas para separarlas del grano. En los pajares se guardaba la herramienta y la paja.





Tumbado boca arriba, puedo estar horas mirando a estas grandes rapaces de vuelo parsimonioso surcar el cielo con sus amplias alas hasta que desaparecen.





Desde el páramo calmarceño puede observarse la cumbre del Moncayo, ahora como se aprecia, completamente nevada.


Joven buitre leonado del año en vuelo a la izquierda de un adulto. 
(Tompson, 1991) sugiere que, en líneas generales, un plumaje juvenil poco llamativo podría funcionar como una señal honesta que indica subordinación, lo cual puede evitar conflictos al joven ante la competencia por los recursos disponibles.




Poco a poco el espectáculo de las carroñeras tomando altura se va desvaneciendo. Cuando alcancen la altura necesaria, cada uno tomará su ruta más conveniente.





"La altura alcanzada en estos vuelos de remonte puede ser considerable. Pennycuick observó a todas las especies de buitres de su área de estudio volando a altitudes de hasta 4.000 metros. El ave que ostenta el récord de altitud en vuelo hasta ahora registrado, probablemente sea un buitre moteado Gyps rueppelli; el 29 de noviembre de 1973 un ejemplar de esta especie chocó con un avión en su ascensión, a más de 12.000 metros de altitud sobre Costa de Marfil."
El buitre moteado o de Rupell, es algo menor que el buitre leonado.



Chova piquirroja Pyrrhocorax pyrrhocorax, córvido habitual que forma bandos cuya voz atruena todos los rincones del cañón rocoso.



Una rapaz que puede pasar fácilmente desapercibida por su tamaño es el esmerejón Falco columbarius. Esta rapaz proveniente del norte de Europa inverna en espacios abiertos como páramos, etc. Hembra en vuelo.


Con la temporada de caza, las escopetas atruenan el monte convirtiéndolo en un lugar inestable. Los cazadores que escudriñan todos los espacios, levantan en este caso, al somnoliento búho real Bubo bubo cuyo descanso se ve interrumpido. Conocedor de su territorio, pronto se reubica entre los pinos.


La escasa águila de Bonelli no tiene buena relación con los buitres leonados a los que ataca, en ocasiones, con enorme violencia. Una de las razones teóricas de estos ataques es la del robo de sus nidos por parte de las necrófagas que crían con antelación.





No sólo los álamos entonados de amarillo son testigos del efecto otoñal. Además, hasta que no se escucha desde lo alto el coro de las grullas no percibo emocionalmente la sensación del otoño.


Puedo ver las grullas desde cualquier punto de la geografía española, sin embargo, ningún lugar motiva más mi admiración que su presencia sobre los cielos del cañón del río Mesa; allí sus voces resuenan amplificadas entre los laberintos calizos de grandes dimensiones.















LOS BUITRES IBÉRICOS
biología y conservación
José Antonio Donázar

domingo, 28 de octubre de 2018

Bajo la mirada del búho real (Bubo bubo hispanus)



Desde un camino agrícola hay un punto donde se aprecia a la hembra de búho real (Bubo b. hispanus) cuando está tumbada en el nido en tiempo de incubación. Este año no la vi y aguardé hasta julio para determinar la causa de su ausencia; sabía que otro nido ubicado en la zona superior había sido usurpado por una pareja de buitres leonados.
Sobre otro cortado, ya en julio, comprobé el estado del nido y vi dos huevos enteros separados; estaban agujereados, probablemente vaciados por córvidos. Tras apreciar los rastros de excrementos y un encame pegado a la repisa, imaginé que las cabras montesas habrían bajado y ahuyentado a la hembra que incubaba.

Decidí aprovechar la tarde del sábado pasado para deleitarme con el búho real ahora que está en pleno apogeo amoroso. Quería cerciorarme tras el fracaso de la puesta, si la pareja estaba en el territorio. Me gusta saber de estas rapaces colaborando con los agentes medioambientales del lugar.
Aunque el macho de búho real no esté en celo, la custodia de su territorio está vigente a lo largo del año. Su atención hacia la hembra intentando formar pareja, me dará ventaja para saber de él en su feudo y será mas sencillo atraerlo. 
Hace muchos años que imito el ulular del búho real y, gracias a ello, tengo inmejorables ocasiones para analizar su conducta sin tapujos. No lo hago por fotografiar a la rapaz, ya que la observación es mas emocionante con los prismáticos o el telescopio que desde el visor de la cámara donde los detalles son mas imprecisos. Me gusta enlazar con la rapaz y entrar en su mundo salvaje con una gran dosis de concentración, y poder así, apreciar y sentir mejor su esfuerzo por la lucha territorial. Pero, sobre todo, porque es una sensación indescriptible poder conectar con estas rapaces de la noche mediante la imitación de su canto utilizando la voz propia. 
En este mismo territorio, hace algunos años, estuve con una hembra de otra pareja anterior, cerca de tres horas. Ella me prestó mucha atención, pero, no tenía nada para ofrecerle. 

Se han hecho muchos trabajos de campo sobre esta rapaz, sin embargo, nadie mejor que el búho real para revelarme detalles privados de su vida campestre. Quiero añadir que, no es tan sencillo que los búhos reales entren al engaño, por lo tanto, los fracasos son también numerosos. Que entren al plagio podría depender de su carácter belicoso o receptivo.

"Los búhos reales ocupan una gran variedad de hábitats, desde bosques de coníferas en las taigas del norte hasta desiertos cálidos en el sur. Los prerequisitos mas importantes para la elección del territorio son, probablemente, una abundancia de comida adecuada y buenos lugares para anidar." 

Rapaces Nocturnas de Europa Heimo Mikkola


CRONOLOGÍA DE LA SECUENCIA

Búho real acude al desafío de otro posible macho invasor de su territorio 18´44 horas






Escuchando mi voz (imitando la de otro macho competidor), el dueño del territorio me descubre pronto en el fondo del barranco después de guiarse acústicamente. 


No sólo ha de enfrentarse con un competidor, además, ha de seguir las evoluciones de la hembra que (sospecho por la mirada insistente del macho) se halla enfrente. Ha de esforzarse para conquistarla frente al invasor.


El cambio de atalaya es habitual en el marcaje territorial de la rapaz y no dejará de controlarme desde sus puntos mas señalados.
Al contaminar el escenario con mi presencia (por no estar oculto en hyde) el búho real mantiene una distancia prudencial; supongo que da mas importancia a mi voz de plagiador que a mi persona. 



Sé que le resulto extraño, porque mi voz le suena como la de un competidor pero, no mi forma humana. Su mirada fija hacia mi ubicación la alterna con su canto territorial. Si fuera un congénere invasor me atacaría sin dudar. 



El macho de búho real acostumbra a emitir su voz en todas las direcciones para dejar de manifiesto a otros rivales la propiedad de su territorio.


Un cuarto de hora después (19´00 horas) ceso la imitación de su voz; sé que el búho real confirmará su victoria con veinte minutos mas de canto territorial desde mi silencio, acaparando entonces toda la atención de la hembra. 




A las 19´23 horas el macho me vigila en silencio, es una pausa que me desconcierta un poco. Me extraña que no abandone el lugar. 


La tensión de la contienda se nota en el plumaje pegado al cuerpo, aunque los penachos (verticales en la exhibición) van cayendo lentamente.
Quién me hubiera dicho de pequeño, viendo aquellas imágenes tan lejanas del búho real en libros de naturaleza, que llegaría a comunicarme en el futuro con esta soberbia rapaz de la noche.


Cuando son las 19´45 horas y la luz escasea, la silueta del macho se relaja notablemente (el plumaje se ahueca y los penachos caen mas todavía). Tras este leve descanso (no lo había visto nunca) el búho real acude al encuentro de su pareja que comienza a reclamarlo con un ulular mas tenue y agudo, seguido de una voz de contacto mas áspera y corta.

Cuando abandono el barranco, veo la negra silueta recortada de nuestro protagonista sobre una sabina negral, emitiendo su voz monótona e insistente. 
La luna ofrece una luz generosa que me ayuda a caminar cómodamente y, como no, ayudará además en las labores amorosas de la pareja.
Espero que el año que viene, la pareja, tenga mejor suerte con la puesta.



Esta entrada, quiero dedicarla personalmente, a los seguidores/as de esta magna rapaz de la noche con los/as que comparto la misma pasión.


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