martes, 27 de octubre de 2020

Últimos pasos de vencejo real

 

Su estrepitoso reclamo los delata, aunque su vuelo fluya a gran altura. Escuché entre el angosto desfiladero del río Mesa zaragozano, multiplicarse sus voces. Dentro del otoño, al paso del nutrido grupo de vencejos reales Tachymarptis melva tuve la sensación de volver al inicio de la primavera, la primavera que nos robó la pandemia.
 
A gran altura es complicado observarlos, pero, se dejan oír con claridad. Pasarán poco a poco los últimos bandos de distribución centroeuropea y, si estamos atentos, gozaremos de su presencia esperando impacientes su próximo regreso.

21/10/2020




domingo, 25 de octubre de 2020

Bravía...


 

La paloma bravía Columba livia es un ave, como su nombre indica, montaraz y muy brava. Nada tiene que ver esta brava columbiforme con sus homólogas palomas domésticas o urbanas. Ésta es un ave físicamente más rápida y de poderoso vuelo, capaz de burlar sobradamente al halcón peregrino Falco peregrinus, su enemigo más especializado y récord absoluto en velocidad.

Se ha denostado tanto a estas aves en las ciudades por parte de un sector humano que, por decirlo de algún modo, su nombre ha sido injustamente despreciado.

En la repisa bajo el puente sobre el río Mesa aguardaba la paloma. Pensé en el ataque del halcón peregrino, capaz de mermar en una persecución fugaz toda su fortaleza. Parecía descansar. Recuperarse. 
Estoica, luchadora con sus fuertes aletazos, trató de zafarse cuando la cogí. Después, ya no ofreció resistencia. De la zona ventral supuraba una herida con muy mal aspecto y desagradable olor. La herida, por el motivo que fuese, se había infectado descontroladamente. Desconocía qué pudo ocurrir. Poco importaba.
La llevé a casa acomodándola en una caja a oscuras. Se tranquilizó. Su mirada cristalina, inalterable, no reflejaba la agonía mortal tres horas después de su traslado.

20/10/2020

Farallón vertical de caliza donde anidan las palomas bravías junto a las grajillas. 

Otras batallas de la paloma bravía:

https://lanaturalezaquenosqueda.blogspot.com/2011/11/la-sombra-del-azor.html


viernes, 25 de septiembre de 2020

Ratonero pardo (Myotis emarginatus)



El hueco del túnel y aliviadero del barranco bajo la carretera es amplio, se puede transitar sin dificultad. Es un buen punto para ubicar la vídeo-cámara y comprobar qué criaturas lo utilizan y se aprovechan de él.
Hay una pequeña fisura en lo alto del arqueado techo donde se oculta un murciélago. Está solo, pero, al parecer, bastante cómodo habitando su morada. Es un ratonero pardo Myotis emarginatus. Con toda precaución, utilizando una luz tamizada no muy violenta, hago unas fotos de la especie, pocas para no agobiarla.

El borde exterior de las orejas presenta una profunda escotadura, característica de Myotis emarginatus.


Su tamaño es mediano y el peso normal entre 6 y 9 gramos (máx. 15) y una envergadura de 220 a 245 mm. Tiene un pelaje largo, de aspecto lanoso y de un color pardo rojizo en la zona dorsal, mas claro 
(pajizo) en la ventral.
 
Se distribuye en el centro y sur de Europa, en casi toda la geografía peninsular española.
Especie termófila, en el norte vive preferentemente en las casas y en el sur de refugia tanto en construcciones humanas como en cuevas; habita en las llanuras y en las partes más bajas de las montañas, tanto en lugares con parques, jardines y agua como en las regiones calizas; en las montañas se le ha observado hasta 1000 metros de altitud.
 
Los refugios estivales (parideras) se localizan en buhardillas cálidas (36º- 40º C ). Los animales se cuelgan de las viguetas  del techo o del lomo del tejado, en los países del sur de Europa suelen vivir en cuevas y también galerías subterráneas.
 
Los refugios hibernales suelen ser cuevas, galerías subterráneas y sótanos; la temperatura es de 6º- 9º C, pocas veces inferior. Suele colgar de las paredes o del techo, y pocas veces de las grietas o en grupos.
La hibernación tiene lugar de octubre a marzo/abril. En España dicho periodo de letargo es más reducido.


Los excrementos bajo el cobijo del ratonero pardo revelan su alimentación exclusiva de invertebrados.
 
Su edad máxima reconocida es de 16 años, la media de 2´8 a 3´5 años.
 
Emprende el vuelo cuando empieza a oscurecer. Caza a 1-5 metros de altura. El vuelo es ágil y también puede cazar sobre el agua.
Se alimenta principalmente a base de arañas, aunque también algunas veces caza dípteros, como por ejemplo mosquitos, así como mariposas y orugas. Al parecer, las presas también pueden ser capturadas en las ramas de los árboles o en el suelo.


Los opiliones son artrópodos que comparten la oscuridad y tranquilidad de lugares umbríos con los murciélagos. Carecen de veneno y de seda. Se alimentan de otros pequeños animales tanto vivos como muertos.

A pesar de sus patas sensoriales, indicadoras de todo tipo de información y peligro inminente, no le ha servido para nada ante una araña de galería con su tela bien camuflada.

Paso del zorro en el túnel 

En el vídeo se observa a un zorro Vulpes vulpes (posiblemente una hembra con cachorros) que deposita momentáneamente un micromamífero del tamaño de un topillo y, lo vuelve a coger. Está receloso. Cuando lo coge, se acerca a cámara y nota el olor humano por lo que acelera la marcha.

Otro zorro camina en dirección contraria. Podemos apreciar un pelaje deficiente. 

De nuevo, la posible progenitora pasa de nuevo, tal vez con un gazapo entre las fauces. Apenas se aprecia cuando sale al exterior. 

Precavido y protegido por un mar de piedras arrastradas por las riadas, el pequeño ratón de campo Apodemus sylvaticus asoma levemente en un pequeño tramo. Razones tiene, ya que la garduña Martes foina busca para alimentarse protagonistas como él en un descuido.

                             


Fuentes consultadas:

Murciélagos de Europa; Omega, Dietz, kiefer.
Murciélagos de España y Europa; Omega, Wifried Schober, Eckard Grimmberger.
Insectos de Europa; Omega, Michael Chinery.

jueves, 3 de septiembre de 2020

Hembra de gineta haciendo el pino


Bueno, aunque el titulo resulte cómico, no lo es. Es la realidad del marcaje oloroso de esta hembra de gineta Genetta genetta. Desconozco si puede ser una acción específica o, exclusiva de este ejemplar.


No siempre se consigue lo que uno se propone, pero no por ello, el registro deja de ser menos interesante.
Escogí tres posaderos de los diez mas utilizados por el búho real en esta zona. Incluso, en uno de ellos, pude verlo con los prismáticos descansando en el posadero nº1 cuando inspeccionaba el lugar apropiado donde colocar las cámaras. Al día siguiente, la rapaz no estaba y pude acometer mi propósito. El resultado de su presencia en las tarjetas fue negativo.

El segundo plano viene con la sorpresa de los individuos protagonistas de las escenas. Un mundo de pequeños animales deambula por todos los rincones del roquedo. Hablo de un farallón de 60 metros de altura donde pululan estos animales entre repisas mas o menos amplias.

Vemos en el posadero nº1 del búho real, durante la noche, un ratón de campo Apodemus sylvaticus habitante habitual de tantos biotopos.
A continuación, el lirón careto Eliomys quercinus, también escruta esa zona en busca de alimento. En el mimo plano, a la derecha, muy sigilosa como es ella; asciende la gineta.
Accede al segundo posadero situado a 2 metros de altura del primero y la vemos tratar, con ciertas dificultades debido a la roca saliente, de apoyarse con sus manos en el suelo (boca abajo) y elevando sus cuartos traseros para marcar con su glándula perianal en la zona mas alta y posible de la piedra.
En el mismo escenario vemos de nuevo al lirón careto y al ratón de campo, presas potenciales de la gineta.

Contextualizo este interesante fragmento sobre la comunicación olfativa de la gineta:

   “Otros tipos de marcas olorosas son las ano-urogenitales y las efectuadas por frotamiento de los costados. Las ano-urogenitales son de dos tipos: la orina (muy utilizada por los machos) y la secreción de la glándula perianal (mas usada por las hembras). Normalmente las hembras marcan mas que los machos. Pero esto se invierte durante el celo y en otros momentos de agresión intraespecífica, cuando los machos incrementan el número de marcas de todo tipo (orina, heces, y frotaduras de los flancos), inhibiendo el marcaje en las hembras y en los machos subordinados.
   Las ginetas se reconocen individual y socialmente a través del marcaje olfativo. Éste permite la discriminación entre familiares y extraños y la coordinación entre ambos sexos, pudiendo los machos diferenciar a las hembras preñadas de las receptivas. Posiblemente también se utilice para evitar conflictos entre individuos del mismo sexo.”     

Javier Calzada, Gineta Genetta genetta (Linnaeus, 1758) Mamíferos de España; Galemys 10 (1).

Concluyo con el tercer posadero del búho real donde se aprecia ligeramente un cuenco practicado por la rapaz para descansar. No es de gran calidad la toma de esta cámara, pero, debido a su pequeño tamaño da mejor resultado en lugares ajustados.
De nuevo, la gineta, nos obsequia con su peculiar forma de ganar altura para marcar en una zona mas alta de la roca.
El lirón careto y una rata campestre Rattus rattus cierran el breve reportaje nocturno de este interesante apartado sobre el comportamiento de la gineta que, personalmente, desconocía.
Es sorprendente la de cosas que uno pude presenciar a través de esta fantástica ventana a la naturaleza en la noche.

Dos días después, de nuevo, la gineta marca en el mismo lugar y del mismo modo en el posadero nº 3 del búho real.
El audible ronroneo de alarma que se escucha en los vídeos de mala calidad, puede ser provocado por los lirones caretos ante la presencia del vivérrido.




lunes, 10 de agosto de 2020

Tejón (Meles meles)



Un pinar de carrasco bajo las afloraciones calizas será el escenario escogido para colocar la cámara. Enseguida se vislumbra el rastro dejado por este gran mustélido a lo largo de su senda; me refiero a esas finas hierbas que utiliza como tapiz mullido en sus encames dentro de su tejonera. 

Dispone de unas herramientas excavadoras, sus zarpas, muy efectivas para horadar amplias galerías. En las cámaras aporta un mullido colchón de hierbas secas, que son las que aparecen por los accesos cuando el tejón las extrae al perder su originaria función. Estas cámaras suelen estar a 5 o 10 metros de la entrada y a mas de 3 metros de profundidad. Para cada camada excava una nueva paridera. Las grandes madrigueras, con conductos de ventilación y un sistema de galerías de entrada y salida, se conservan, a menudo, durante décadas y son habitadas por muchas generaciones de la misma familia, que las amplia constantemente. Se han encontrado "mansiones" con mas de 40 salidas, cuyas galerías, dispuestas en varios pisos, llegan a medir hasta 100 metros de largo.

Antaño, cuando se aprovechaban los minúsculos terrenos de las laderas de los montes para recolectar los frutos de los almendros, entre otras cosas, los lugareños estaban mas cerca de las huras de los mamíferos. Actuaban de alimañeros y tabicaban las entradas de zorros y tejones para dejarlos encerrados. En este caso, la tejonera tenía tres de los principales accesos tapiados. Pero, como podéis comprobar, generaciones de tejones posteriores a este tipo de acciones han dejado de manifiesto la ignorancia de aquellos que pretendieron dejarles sin salida. Estos mamíferos tienen todo el tiempo del mundo para gastar las poderosas uñas de sus manos.

Un montón de cáscaras de almentras, trabajadas por el ratón de campo Apodemus sylvaticus dentro de la oquedad, delatan al pequeño micromamífero con el que comienza el documento.



martes, 4 de agosto de 2020

Jóvenes búhos reales



Este es el resto de la familia de búhos reales; parece que son sólo tres hermanos. Falta la hembra, que no he tenido la fortuna de captar. 

La noche guarda en sus entrañas la actividad desmesurada de sus criaturas nocturnas. La vida no para ni un segundo durante la penumbra, pero, gracias a una avanzada tecnología tenemos el privilegio de curiosear esas secuencias que no pueden percibir nuestros ojos. 
Una noche mas para estos jóvenes, atareados en ejercitarse y desarrollarse en territorio paterno, prestos a convertirse en avezados cazadores antes de ocupar un territorio propio.

Espero que os haya gustado. Es ilusionante cada vez que consigo escenas tan entrañables como la de estos hermanos nocturnos y, sobre todo, admirarlas con vosotr@s en este blog.


lunes, 27 de julio de 2020

Búho real sujetando un conejo



El tiempo escasea cuando uno está inmerso en tanto trabajo. Ya se sabe, primero el trabajo y después la devoción. Evidentemente, devoción a la naturaleza, la que nos une en este y tantos otros blogs de fauna de todo tipo.

Sin mas preámbulos, os entrego esta secuencia algo "parada" de un macho de búho real Bubo b. hispanus sujetando sobre el terreno un joven conejo Oryctolagus cuniculus recién cazado. Supongo que, trata de hallar a su descendencia para aportarles el rico manjar. Esta soledad del macho podría explicarse al estar la hembra con ellos después de haberles ofrecido otra presa. El conejo abunda en esta zona, por ello, esta pareja tiene un gran éxito reproductor.

En fin, por hoy, eso es todo. En cuanto pueda, os presento al resto de la familia.


La lectura de restos tan característicos aparecidos en el campo dejan constancia de muchos datos para confirmar, por ejemplo, el de obtener una aproximación del número de individuos de una familia de búhos reales.


En una zona de cría de búho real no faltan plumones de los jóvenes sujetos en plantas y arbustos. Es la evidencia mas rentable para saber de un territorio ocupado por esta especie.


No sólo es agradable ver a las rapaces de la  noche en directo al atardecer o al amanecer, durante el resto del día, uno puede leer el terreno descubriendo detalles que concretan ciertas historias de sus andanzas nocturnas. En el centro una huella de búho real.


Tenemos plumón, huella y, ahora, excremento. Las heces de búho real son blancas y pastosas; bastante espesas.


Este detalle lo encuentro de lo mas curioso. Es una repisa donde hay excrementos de la rapaz nocturna pero, observamos un bocado arrancado de la presa por un ejemplar de búho real al alimentarse. Ahora, perdido sobre la tierra y custodiado por la laboriosas hormigas.