domingo, 13 de diciembre de 2009

Cazar en territorio humano. El gavilán


A las 8.40 h una hembra de gavilán captura a una hembra de tórtola turca; ave, muy habitual en los parques públicos.

El domingo pasado, tocaba ir a correr un poco, para no perder la agilidad en el monte y por supuesto, en el trabajo. Era una mañana fría, pero no desapacible; tal vez, algo nubosa. Lo bello de estos días unido a la alborada es; ese encuentro común con las más madrugadoras aves. Así, voy interrumpiendo el campeo de la garza real, afanada y concentrada en la herbácea cobertura del ribazo que, a mi llegada por el camino de gravilla, levanta el vuelo protestando con un graznido ante mi inoportuna presencia. Disculpe señora garza. Más adelante, una alondra se achanta en el camino y paso a medio metro de distancia, parando seguidamente. Ella, descubierta, levanta el vuelo súbitamente. Cosas del mimetismo fallido. Llego al castigado álamo centenario, al que me gusta mirar y preguntarle en silencio mientras paso bajo su imponente porte -qué tal esa salud-, me preocupa su tronco descortezado y sus ramas tronchadas y caídas a causa del fuerte viento pasado. El cernícalo expectante en las ramas más altas, también advierte mi presencia y levanta el vuelo, reclamando con esa estridente voz característica de alarma. Vaya mañanita que llevo.

Cigüeñas, mirlos, ratoneros, estorninos, zorzales etc., me han acompañado durante este recorrido por las últimas tablas de cultivo cercanas al Ebro, posibles candidatas a desaparecer por el capricho constructor del señor alcalde de Zaragoza; con su Expo-pimientos o como se llame. Su crecimiento urbanístico me importa un ídem.


Detrás del árbol hay una zona de tierra inclinada y cerrada, donde la rapaz desplumaba a su presa.


La ronda, ya tocaba a su fin, y después de abandonar la huerta y cruzar el cinturón de asfalto, alcanzo el parque de Torre Ramona, un agradable pulmón verde en esta ciudad con una interesante variedad ornitológica a tener en cuenta. Ya estoy a punto de llegar a casa. De nuevo, cruce de calle para enfilar el precioso paseo de retorcidos troncos y ramas de olivos en línea, vareados ya, por algún vecino madrugador que les ha sacado todo el partido.

Un encuentro visual repentino frena mi trayectoria previa a alcanzar el ambulatorio, situado a menos de cien metros de casa. Quedo inmóvil como una estatua, mirando con fijación a la imperceptible silueta del ave que, fugaz, levanta el vuelo con dificultad desde el foso de la rinconada del edifico. No puede. Exhibe desplegadas las rémiges y rectrices con la bella sincronía del pavo real, pero con una eficiencia absoluta de control, haciendo gala de uno de los mejores quiebros en espacios cerrados que he visto. Tras marcar un precioso rizo ascendiendo verticalmente, pica de nuevo hacia el suelo, y posteriormente, se eleva con fuerza y energía, superando la altura vertical del ambulatorio mediante enérgicos aletazos.

El gavilán (Accipiter nisus), ha optado por la salida más apropiada ante el imprevisto problema, a pesar de rechazar lo más importante para su supervivencia. La comida.


La tórtola turca comenzó a colonizar la península desde finales de los setenta. Se acomodó en las poblaciones, y copiando la conducta mansa de la paloma doméstica, confiaron excesivamente del medio humano, al que dejaron de considerar hostil; sobre todo, al explotar un sencillo nicho ecológico repleto de posibilidades alimenticias.

Hay rapaces como el gavilán que, con descaro, se atreven a cazarlas donde sea, aprovechándose del exceso de confianza de estas columbidas con las personas.


La incipiente sospecha, me lleva hasta el lugar del suceso, hallando yerta y arrinconada a su presa. Conserva todavía algo de calor en su cuerpo, cuya sensación noto entre mis manos. Me estremece el resultado tan crudo objeto de la inmisericorde supervivencia. Es una tórtola turca (Streptopelia decaocto), despojada hábilmente de sus plumas pectorales y dorsales. La cabeza está completamente machacada; la masa encefálica es un auténtico manjar para las rapaces que no desprecian, considerándolo un exclusivo bocado. Rápidamente abandoné el lugar, sabiendo que la rapaz acechaba cerca y volvería a recuperar el merecido fruto de su esfuerzo.


Al cabo de media hora regresé, y el gavilán, ya se había llevado su parte haciendo justicia de su trabajo. Yo me conformé con sacar otra parte del botín que era la fotografía, y por supuesto, la formidable observación de lujo.

No es raro que las rapaces despiecen a sus presas empezando por la espalda, al igual que la masa encefálica, gustan también de otros manjares como los riñones, pulmones etc, no solo los músculos pectorales.

17 comentarios:

  1. Tu relato atrapa, Javier. Desgranando tu paseo, hilvanas encuentros con aves y la naturaleza, y también ese fatal desenlace de la tórtola por parte del gavilán. Cosas de la supervivencia.

    UN abrazo.

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  2. Hola. Esta entrada, me recuerda al avistamiento que tuve hace un par de dias de un gavilan en medio del pueblo. Andaba este muy interesado en capturar los gorriones.

    Es lo que tiene el hambre invernal, que la falta de alimento hace hacer lo que para encontrar algo que llevarse a la boca.

    Saludos

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  3. Javier, con relatos así optas al Pulitzer de literatura naturalista. Una gozada, vamos. Claro que, la tórtoal turca (difunta ella) no tendrá la misma opinión (bueno, ya no creo que tenga ninguna). ¡Y encima fue masacrada a las puertas del Centro de Salud! Ironías de la vida.

    Por favor, Javier, sigue viviendo,contando y dibujando historias así.

    Saludos y gracias.

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  4. Enhorabuena por la historia. Toda una suerte presenciar este momento. Las tortolas turcas han pasado a ser también especies cazables en España (como nueva especie que es), Mejor que forme parte de la cadena natural.

    Un abrazo

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  5. Me ha encantado tu historia, Javier. Me recuerda una serie de entradas que tengo pendientes sobre lo que podríamos denominar "fauna urbana", aunque sin duda alguna tu encuentro ha sido realmente magnífico.

    Describes el paseo con tal vivacidad que nos haces creer que estamos allí disfrutando junto a ti del espectáculo de vida y muerte que se acaba de desarrollar en plena urbe.

    Un abrazo.

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  6. Gracias Luis. Viniendo de un poeta enamorado de la infinidad perdida en las sendas de nuestros paisajes, es un elogio destacable.
    Saludos.


    David, ya sabes, cada vez que avistes a un gavilán o esmerejón a primeras horas de la mañana, a tomar asiento rápidamente. El espectáculo fascinante de dos grandes voladores, está asegurado.
    Saludos.


    Nada comparable a tu experiencia redactora, que sí deja sobrecogido a cualquiera.
    Desde luego Javier, te estoy cogiendo un aprecio que sobrepasa lo familiar.
    ¡Vaya! No había caído. Desde luego, no le sirvió de nada a la tórtola tener el centro de salud a mano.
    Gracias a ti también, Javier, por unos ánimos que hacen de impulso en los momentos más puntuales, que es donde hace falta el empujón de confianza.
    Saludos.


    En efecto Anzaga. Y recordando tu entrada sobre esta ave tan potente: “La tórtola turca y la anciana”, no dejo de sorprenderme acerca de la complexión tan atlética que posee, por ello, la lucha contra el gavilán debió de ser exhausta.
    Es un ave que ha penetrado en nuestro territorio con la fuerza de un ciclón, y ahora, su falta de recelo además, le hace víctima frecuente de atropellos.
    Saludos.


    Qué tal Trotalomas. Celebro que te hayas dejado envolver en una secuencia que deja atónito a cualquier mortal.
    Pues ya que me has puesto los dientes largos con tus futuras entradas sobre “fauna urbana”, no te olvides que las estaré esperando. Como el regreso de tu amigo con apuntes del balance trágico de choques de aves con obstáculos.
    Bueno, te leo en tu próxima entrega.
    Saludos.



    A todos en general, agradeceros la parte correspondiente de vuestros trabajos que alimentan sin duda a mis futuras entradas.

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  7. Hola Javier. Me ha gustado mucho tu relato, y la verdad es que no sabía que los gavilanes entraran de esa manera dentro de los núcleos urbanos. Yo los he visto en los alrededores de mi pueblo, en invierno sobre todo, pero la verdad es que me encantaría ver alguno cazando aquí dentro. ¡Sobre todo cotorras argentinas! Nos haría un gran favor, la verdad...

    Saludos y enhorabuena por tu avistamiento

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  8. Aparte Miguel, del gavilán; hay otra rapaz que, por su reducido tamaño y desparpajo, entra también en la línea desinhibida de intrusismo en el medio del gran hombre blanco: me refiero al esmerejón. He tenido la gran fortuna de verlo en núcleos urbanos y cazando; su capacidad de sorpresa es asombrosa.
    No te extrañe Miguel, que el gavilán, algún día cuando aciertes a observarlo, te sorprenda capturando alguna cotorra. Lo difícil es: que la rapaz rompa la fortaleza formada por grupos tan apretados cuando vuelan y campean juntos.
    Saludos.

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  9. Sí, tienes razón, las cotorras suelen volar en bandos cerrados, sobre todo cuando se desplazan desde los nidos a los campos agrícolas donde se alimentan, o cuando regresan después al nido dentro del pueblo. Además, son increíblemente rápidas y capaces de hacer quiebros asombrosos. Pero bueno, si es capaz de abatir tórtolas, que son unas grandes velocistas, imagino que con las cotorras podría también.

    ¿Y el esmerejón caza aves de ese tamaño? Si te digo la verdad, creo que nunca he visto uno, pero tengo entendido que son pequeños.

    Saludos

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  10. Una nota amena y didáctica con excelentes imágenes alguna con la cruda realidad por supervivencia de la vida, saludos

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  11. Qué tal Miguel. Estoy contigo acerca de la capacidad predadora por potencia física del gavilán sobre la tórtola, que también cómo no, le daría dicha potencia para abatir a cualquier cotorra.
    Esto que comento, sólo es una mera conjetura, y me hace sospechar quizá acerca de la posible reserva del gavilán hacia estas escandalosas aves que, por su gregarismo social, pudieran hostigar a la rapaz una vez capturara a una de ellas. De modo que, el gavilán, podría verse seriamente acorralado, del mismo modo que si fueran córvidos. Hay muchas cotorras argentinas, y no tengo noticia de depredaciones a la mencionada especie (no digo que no las haya). El gavilán, es una rapaz muy solitaria, y tal vez, le interese pasar desapercibida rondando presas menos cooperativas en comunidad.

    El esmerejón es algo más pequeño que el gavilán y solamente le he visto capturar a dos gorriones en dos ocasiones. Una de ellas, fue mediante un golpe y recuperación de presa al mismo tiempo. Le vi también en la estepa perseguir a una alondra, pero esta, después de una persecución prolongada, le dejó fuera de combate.

    Si caza presas del tamaño de la cotorra, o la misma cotorra, tendremos que estar atentos para anotarlo en nuestros respectivos cuadernos, y por descontado, rápidamente comunicárnoslo.
    Saludos y gracias Miguel.


    Hola Jorapavi. Ciertamente, si resulta un tanto repulsiva la imagen de la tórtola destripada, pero no me queda otra opción; al fin y al cabo, somos gente de campo, y los restos, forman parte de un interesante documento para identificaciones posteriores del comportamiento predador de esta rapaz.
    Gracias por la visita.
    Saludos.

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  12. Ah, pues pensando he recordado que oí algo de que en Barcelona los halcones peregrinos que viven en la ciudad y su entorno sí cazan cotorras. No sé si lo leí en un Quercus, no recuerdo bien. Espero que tengan predadores efectivos. Por si te sirve de consuelo, he visto varias veces expolios masivos de sus nidos coloniales por parte de grajillas, en el sureste madrileño. Las grajillas logran colarse en los túneles de entrada a las cámaras de nidificación, dentro de la estructura colectiva de ramas, y salen con huevos y pollos en el pico. No me ha parecido que las cotorras sean capaces de hacerles frente de forma efectiva. Bueno, menos da una piedra, ¿no?

    Saludos

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  13. Eso Miguel, de las grajillas es..., una nota de campo suprema, diría yo. Tuviste que quedarte alucinado, por la gallardía del córvido para penetrar con todas las de la ley en el interior de un pasadizo oscuro, y salir con la recaudación ¡Es fascinante! Creía que las cotorras, estarían más comprometidas con la defensa comunitaria de los nidos, pero veo que no han conseguido quizá, equipararse en este elaborado comportamiento social, a los córvidos.
    Del halcón peregrino, por su corpulencia, ya me parece más factible la acción predadora hacia las susodichas cotorras.
    Aquí, en el Parque Grande de Zaragoza, los gatos recuerdo que cazaban desde los setos gran cantidad de estorninos negros. Estos pájaros negros, suelen campear sobre zonas ajardinadas junto con las cotorras, asi que..., no me extrañaría que los gatos puedan hacerse con alguna cotorra.
    Saludos y gracias Miguel de nuevo.

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  14. Estremecedor el relato. Precioso el dibujo del gavilán.

    Por aquí también abundan las tórtolas turcas, curioso nombre, porque en Turquía no ves ni una. Lo contrario a las tórtolas comunes. Se deben de haber venido todas desde Asia hacia acá. ;-)

    Voy a por tu siguiente entrada. Saludos!

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  15. Gracias Mamen.
    Vinieron con ganas las tórtolas; porque su frente de ataque sorteó todo tipo de dificultades hasta colocar bandera en territorio español, y con garantía de ocupación estable.
    A pesar de ser su canto un petardo, el ave no deja de gustarme sobre todo, por su forma y plumaje escamoso.
    Saludos.

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  16. Excelente episodio de la naturaleza con el que nos vuelves a deleitar, por lo crudo que pueda parecer, pero no es ni más ni menos que la lucha por la supervivencia. Yo también asisto en alguna que otra ocasión a algún lance de un gavilán y un halcón que en otoño e invierno realizan alguna incursión prácticamente al lado de casa, ya que en el monte la comida escasea. Excelente el dibujo. Saludos

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  17. Es cruda la supervivencia. Tanto, que muchas veces, me conformo tan solo con la persecución de la rapaz a la presunta presa.
    Gracias Lluís por el comentario que, viniendo de ti, es un auténtico regalo.
    Saludos.

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