La expresión del zorro una vez se han llevado lo que venía a buscar
Siempre es estimulante y enriquecedor tener la curiosidad afilada para realizar cualquier plan que pueda desempolvar las dudas que a uno le acucian, sin desbordamiento alguno, por supuesto. Los proyectos para saciar la curiosidad han de tener su tiempo y lógica para obtener ciertos frutos.
Coincidir con un nido de cualquier rapaz, abandonado desde hace tiempo, me permite mediante las cámaras obtener algunos indicios del porqué se abandonó dicho enclave nidal. Tampoco el paso de ciertas especies por el nido, pueden ser el resultado del abandono del mismo o su nula utilización posterior. Uno se conforma con experimentar simplemente para ganar un poco más de conocimiento al respecto.
Como la nada no atrae a los animales oportunistas, decidí colocar unas carcasas de pollo para acelerar la posible presencia de los mamíferos en cuestión y saber qué es lo que podía pulular por esta recóndita repisa sobre una altura de treinta metros.
El primer comensal en llegar fue el zorro, tan asustadizo que, a pesar de localizar el cebo, no quiso llevárselo por miedo a sus investigaciones olfativas. No puedo entender que, una vez localizados los restos, el raposo no se los llevara. Al día siguiente, surgió el resultado del dichoso refrán: “no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. Pero, en otra versión más acorde con la situación presente y es: “no dejes para mañana lo que te puedas comer hoy”. Ocurrió que, lo inesperado dio al traste con el asunto de grabar a los mamíferos de la repisa. El gran carroñero, que no tenía la intención de reparar el nido, ni siquiera de mirarlo, trincó los restos del pollo y los devoró en un momento.
La pregunta que me viene a la cabeza es ¿tiene el buitre leonado algo de olfato de cercanía o, quizás alertaron al carroñero las hormigas pululando agitadamente sobre los restos de carne? Fuera lo que fuera, la rapaz limpió en un momento con acierto, la carne oculta por unas hierbas.
Me dio cierta pena ver un día después al raposo en color, pues afortunadamente acudió de día y se puede apreciar el rojo vistoso de su pelaje. Total, para darse cuenta de que las viandas habían desaparecido. Desafortunado momento perdido para hincar el diente al encuentro de un buen bocado que se desvaneció en el pico del buitre leonado.
Buitre leonado hallando los restos de carne ocultos bajo la hierba
La rapaz carroñera terminando el hallazgo con muy buena gana
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