Llevaba unos días sospechando, qué ave sería la causante de la macabra exposición de restos de roedores, algún gorrión y lagartijas mutiladas en el alféizar de la ventana del granero en el pueblo. La vieja ventana de apertura difícil, era cegada por la protección de postigos que apenas permitían finos trazos del sol en el oscuro habitáculo. Entre los trastos acumulados por el deshuso, se puede avanzar para llegar a la dichosa ventana cerrada hacia adentro, pero, despejada hacia el extenso campo de cerros y cultivos.
Entraban en la sospechosa apuesta tres aves: un córvido, una rapaz diurna y otra nocturna. Tras la intentona de acomodar una cámara, no hubo resultados.
Varias semanas después, de nuevo, apareció depositada la mitad posterior de un pollo, apenas emplumado, de tórtola turca. De nuevo, al ataque y colocación de cámara y... en efecto, el autor del festín inacabable aparecía de cuerpo entero con su altanera presencia.
Aquí lo tenéis...

No hay comentarios:
Publicar un comentario