lunes, 1 de septiembre de 2014

Pareja de ley


Sobre el río Ebro, en el zaragozano Puente de Piedra, dos grajillas Corvus monedula se alimentan de unos trozos de pan que la gente diariamente arroja a los patos. Una de ellas pierde su ración; sin inconveniente alguno, su consorte comparte lo que queda.


"En ninguna otra especie, ni siquiera en las palomas, ni en los inseparables periquitos, alcanza el amor conyugal formas de expresión tan patentes y emotivas como en las grajillas. Y, lo que es más bello: estas manifestaciones de cariño no disminuyen, sino que aumentan con los años de “matrimonio”."
 Konrad Lorenz,  Premio Nobel de Medicina 1973




domingo, 24 de agosto de 2014

Todo llama mi atención

Apunte del gran naturalista Félix Rodríguez de La Fuente en su mítico cuaderno de campo (dibujo de Juan Manuel Varela).



Joven mirlo acuático Cinclus cinclus. Inversamente a sus hermanos que huyen despavoridos ante mi presencia, opta por refugiarse bajo una piedra y, por si fuera poco, situada bajo un viejo puente.
Suelen utilizar la técnica del buceo para despistar y emerger por un punto diferente pero, alguno aprende además otras tretas. Tras 10 minutos, el pájaro del agua, receloso, todavía permaneció allí. Calmarza 2-5-2014

 
Estoy tan centrado en analizar una egagrópila de búho real en una pequeña oquedad caliza a mi altura que, súbitamente, alertado por una fugaz figura que no logro identificar aún habiendo estado delante de mis narices, percibo como se introduce a la velocidad del rayo en el interior de un minúsculo agujero donde no entra mi mano. Por supuesto, sin saber de qué se trata, ni lo intento. Arranco una fina y alargada hierba y con suavidad la introduzco lentamente. Seguidamente, una voz áspera de protesta sale del oscuro fortín y, segundos después, aparece con desparpajo la misteriosa criatura que frente a mí, desafiante, me permite sacarle la foto que veis en pantalla: es un joven colirrojo tizón Phoenicurus ochruros cuyo mimetismo con la oscuridad y la roca resulta sorprendente. Calmarza 28-6-2014


 
La capacidad de aprendizaje del  carbonero común Parus major es portentosa. Este pajarillo descubrió como perforando la chapa de aluminio de las botellas de leche depositadas a la entrada de las viviendas inglesas por el repartidor, se podía acceder a la grasa del cuello de la botella. Es un pájaro astuto, expectante, que vigila entre otras aves, al picapinos como descerraja la dura cáscara de almendra, aguardando pacientemente a que éste termine de alimentarse para aprovechar después los diminutos fragmentos esparcidos fuera y dentro de la cápsula. Si es capaz, como un gran observador de éstas y tantas otras cosas, ¿qué hace un carbonero posado en la rama de un pequeño árbol seco a escasa distancia de mí sin protestar? ¿Qué busca mientras pasan algo mas de 15 minutos en los que descansa tan relajado como un pájaro de jaula, con lo inquieto que es? Siendo este pájaro tan activo, tan inteligente, intuyo que podría esperar algunas migajas mías si almorzara en ese momento; aunque no me extrañaría tampoco, que aprovechara mi presencia para evitar durante el descanso a sus potenciales enemigos que, supuestamente, no se acercarán mientras yo esté allí. Calmarza 8-3-2014

 Un posadero de Búho real Bubo bubo y…

 …a unos 25 metros la mitad posterior de un conejo.

 
No hay duda por la forma en que ha sido consumido de que se trata de la presa perdida de un búho real. Queda tan sólo el cuarto trasero derecho del animal. Dependiendo del tamaño, un conejo Oryctolagus cuniculus, como el de la imagen, suele ser devorado en dos o tres partes. De la extremidad izquierda se ha consumido toda la biomasa de la pelvis el fémur y la tibia; tan sólo quedan los metatarsos y falanges (pie de apoyo), normalmente desechados.
Entre las causas de la pérdida me incluyo, puesto que, tal vez al caminar por la senda cercana al posadero de la rapaz, pudo salir ahuyentada llevando consigo la presa, soltándola ante la necesidad de volar mas ligera para ocultarse. He visto jóvenes escondidos en lugares accesibles salir con la presa en las garras y, por pequeña que esta sea, soltarla ante la necesidad de volar con mas ligereza.
 


Pero…no es éste el caso en el que tengo que incluirme. Al mirar detenidamente los restos descubro, creo, hormigas de la especie Pheidole pallidula muy común y conocida por su rápida actuación. Hay bastantes y transportan ya en sus mandíbulas fragmentos de carne. No es posible que hayan acudido tan deprisa al despojo si yo fuera el culpable de ahuyentar al búho. Aunque es temprano, las hormigas adelantan a cualquier otro insecto de la carne; como por ejemplo a la avispa, menos madrugadora.

 
Evidentemente, las moscas verdes Lucilia caesar (el verde metalizado es muy vistoso) también acuden a medida que avanza el día para aprovechar cualquier resquicio en la carne muerta donde colocar su puesta.

La noche guarda la respuesta de muchas de nuestras preguntas pero, a razón de otras observaciones, me atrevería a reconocer una causa probable sobre el hecho desafortunado de la pérdida del alimento. Probablemente, durante los escarceos nocturnos en los que participan los jóvenes y en los que unos miran la actividad de los otros, sobre todo si estos portan alimento, dicha acción persecutoria, podría ser la causante de esta pérdida.
Bajo los nidos, debido a las disputas por el alimento, suelen caer restos de presas que son mitades posteriores aportadas por el macho cuando los pollos son pequeños o por ambos cuando son mas mayores. 
Valle del Mesa 19-7-2014

 


De nuevo, creo, se trata de hormigas de la especie Pheidole pallidula. Me llamó la atención el color del cerco que rodeaba el hormiguero. Al acercarme, comprobé que estaban realizando en profundidad la limpieza de las galerías. Lo que sacaban y depositaban ordenadamente alrededor de la entrada eran restos de quitina de otros insectos pero, sobre todo, de hormigas enormes; supongo que, entre los restos, estaban los de obreras mayores que son las que defienden la colonia. El cerco tenía unos 6 cm de diámetro.
Valle del Huerva 20-8-2014
(Si alguien puede aportar algo mas, bienvenido).

 

Esta collalba negra Oenanthe leucura en vuelo y reclamo territorial, se exhibe sin importarle la fase de muda. Momentos antes esquivó elegantemente, a pesar de su limitado plumaje, a un alcaudón real Lanius excubitor que la perseguía con propósitos impredecibles.
Valle del Huerva 20-8-2014

 
En el argot de escalada, por lo menos el de los años 80, se advertía entre compañeros al escalar una vía que se tuviera cuidado con ciertas “presas” (puntos de apoyo) por estar muy “lavadas” (resbaladizas por el desgaste).
Por último, por muy superficial que pueda parecer, me resultó chocante descubrir una pequeña laja empinada frente a un posadero de búho real; se había posado la rapaz nocturna tantas veces en la arista, que estaba pulida. Al pasar mi mano sobre ella comprobé su suavidad, nada tenia que ver con la aspereza cortante del resto de la roca.
(En el lado izquierdo se aprecia la losa de un gris mas claro y su afilado perfil ya pulido)
Valle del Huerva 20-8-2014


Espero que hayáis disfrutado, pero, lamentar como siempre, no poder ofreceros estas imágenes al natural como me gustaría. 


jueves, 14 de agosto de 2014

En la tórrida estepa de gangas y ortegas

Dos machos de ganga ibérica y un ejemplar en primer plano de ortega; a la derecha, tras el cardo, un bisbita campestre Anthus campestris

Os dejo unas imágenes, aunque algo pasadas de fecha, de estas dos especies de aves esteparias que llenan el espacio bulliciosamente en sus veloces desplazamientos.


La madrugada estival de 2011 no aportaba todavía la cantidad necesaria de luz para apreciar algún tono concreto de la inmensa estepa. Sólo se vislumbraban los contornos desnivelados de algún cabezo redondeado o de aristas quebradas silueteadas por la débil luz del horizonte.
Fernando y yo nos apresurábamos a terminar el pozo que nos serviría de escondite para tener una vista lo mas rasa posible del suelo y poder estar a la altura de los pteróclidos. A la creciente serenata melodiosa de los aláudidos, que atronaban con sus voces todo el territorio estepario, se unía el machacón y desagradable golpeteo del azadón y el pico con el que hacíamos un hueco suficientemente espacioso. Cuando topaban esporádicamente con algún que otro pedrusco, las herramientas centelleaban por el impacto. Terminada la obra y, sellada perfectamente para no levantar las sospechas de gangas y ortegas, muy temerosas por los depredadores que las acechan en las charcas, nos dispusimos ocultos a la larga espera. Por fortuna, estas aves son bastante puntuales en sus desplazamientos hacia los bebederos y, aparecieron a la hora acostumbrada. La agostada superficie que rodea la balsa y todo lo que alcanza la vista, es de color uniforme; todo es ocráceo. Las raquíticas plantas que sobreviven al ocaso del ciclo veraniego apenas aportaban retales de verdor. 
Antes de bajar, realizaban círculos de prospección sobre el terreno con su voz característica. Las gangas y ortegas, nos avisaban que pronto se posarían después de los vuelos de reconocimiento. Una vez posadas, veíamos atentos la pausada marcha hacia el ansiado liquido con el que aplacarían su sed.
No dejo de admirar a estas aves tan bellas y bien adaptadas, capaces de soportar unos cambios de temperatura tan duros como los que se producen en la estepa aragonesa.


 Ganga común Pterocles alchata.

Ortega Pterocles orientalis.




El macho de ganga tiene dos collares y la hembra tres; ambos plumajes me parecen espectaculares. 


La ocrácea estepa, dura, pero llena de vida, alberga estas policromas maravillas. 


lunes, 11 de agosto de 2014

"Yunques"

En primavera y verano los zorzales consumen gran cantidad de caracoles.

Las piedras que utilizan los zorzales como rompederos para acceder al interior de las conchas de los caracoles se las conoce con el nombre de “yunques”. En cualquier fragmento pétreo adecuado, un zorzal, prendiendo con el pico la parte exterior e interior del molusco, logra, golpeándolo contra la piedra, romper el blindaje que protege a su morador. No es difícil hallar estas pequeñas y no tan pequeñas piedras con fragmentos de conchas esparcidas a su alrededor; cada cual, por la cantidad de despojos contenidos, dará puntual información sobre su fidelidad gracias a su buena ubicación.

 
Vista completa de la enorme piedra con unos prismáticos al fondo como referencia.

En el caso de la imagen, piedras las hay por todo el cañón calizo del río Mesa pero, pocas con tan buena ubicación como la mencionada. Se trata de un bloque desprendido que ha ido a parar justo al lado de una acequia, un lugar inmejorable para hallar los preciados moluscos y poder trabajarlos bajo la fronda protectora del soto. De ahí, quizá, su repetida utilización.


Zorzal charlo Turdus viscivorus.

miércoles, 16 de julio de 2014

No es fácil ser búho real (parte 1)


Restos de un joven tejón Meles meles en el nido de un búho real 14- 6- 2014. Hay también plumas de cuervo y paloma bravía.

Visitar un nido de búho real Bubo bubo concluida la cría es un placer y un reto enorme para mi curiosidad. Es una extraña y a la vez desbordante sensación de asombro ocupar este espacio celosamente guardado por la gran estrigiforme tras su abandono. Hay tantas historias que recomponer en el misterioso puzzle de la actividad nocturna de estas hábiles criaturas de la noche que empezaría todas, pero creo, que no lograría terminarlas nunca. En parte, eso me resulta paralelamente mas atractivo por los hechos acaecidos bajo el telón de la penumbra; son enigmas bien guardados. La noche acapara el encanto y pasión de innumerables datos velados que despejar por el día, hipótesis con las que muchos observadores sueñan modelar sus propias conclusiones.


Detalle de la dentadura del ejemplar

La temprana reproducción del  búho real hace que sus pollos coincidan con otras criaturas inexpertas como ellos en la explosión primaveral de vida. Toda una suerte de posibilidades para asegurar la alimentación de la familia.
Son innumerables y sorprendentes las víctimas capturadas por esta poderosa estrigiforme (ver enlace). El joven tejón quizá, bajó la guardia durante sus juegos infantiles, siendo presa fácil para su captor. Probablemente, a veces, aprovechando la reproducción de otras aves, desvalija sus nidos después de apoderarse de uno de  los adultos, memorizando el lugar para cobrar los pollos mas tarde. Seguramente con los mamíferos sea mas complicado, sobre todo con los tejones, que alarmados, serán bastante mas prudentes dentro de su marcadísimo recelo.

Cuando recogí unas plumas de halcón peregrino adulto hace unos años, pensaba con ironía: -los 300 o 350 km hora de velocidad, no le impidieron a la rapaz mas veloz del planeta, terminar en un nido de búho real-. Esta rapaz nocturna es lenta, quizá se estime su velocidad en unos 80 km hora pero, de gran efectividad a la hora de progresar entre las vaguadas que recorre y desciende con abrumadora precisión. No sólo sorprende a sus presas desde oteaderos, también, como podría hacer cualquier rapaz diurna, sorprende en vuelo a otras aves si han sido molestadas y levantadas por algún intruso. El cernícalo vulgar Falco tinnunculus que es mas menudo que el halcón peregrino Falco peregrinus pero no menos irascible, aparece mas en la dieta del poderoso búho. Los córvidos desde el gigante cuervo Corvus corax pasando por el arrendajo Garrulus glandarius, chova piquirroja Pyrrhocorax pyrrhocorax, grajilla Corvus monedula y urraca Pica pica son necesariamente presas aleatorias, no obstante  poco frecuentes. Como ocurre con el resto de capturas de aves, cumplen un papel importante en su dieta,  complementando a presas potenciales como el conejo Oryctolagus cuniculus.

No se sabe exactamente a qué obedece tanta inquina por parte de halcones y córvidos hacia el superpredador de la noche, aunque se sospecha que podría deberse a la indefensión padecida frente a sus inadvertibles ataques nocturnos. Parece que la evolución ha sido bastante generosa con su morfología, imprimiéndole carácter sumado a un equipamiento de cazador infalible. Es como un complejo antibiótico para su territorio, que ataca prácticamente a todo cuanto se mueve con un sorprendente acierto mortífero.
 

Búho real en vuelo.

 
Macho de cernícalo desde la sabina que protege su oquedad nido mirando fijamente el enorme problema. Está en su territorio pero, también es el de las chovas piquirrojas, buitre leonado y búho real 30-3-2014.

 
El buitre leonado es un gigante entre las aves y no tiene nada que temer del búho pero, con su pequeño tan vulnerable, también lanza desde su nido miradas controladoras al búho real.

 
La hembra de búho real con sus pollos, muy expuesta, vigila a todos sus vecinos también. Es esta repisa la que le ha quedado disponible después de que cabras montesas y buitres la hayan despojado de su nido en la zona alta 6-4-2014, 9´46 horas. 
Estoicamente, ha presenciado a diario durante todos los encuentros entre las chovas piquirrojas y los cernícalos batallas territoriales con machaconas y escandalosas persecuciones.


Se miran fijamente la hembra de búho real y la de cernícalo vulgar; la primera tiene descendencia y la segunda estudia la situación para buscar una plaza segura 6-4-2014, 9´46 horas.

 
Las chovas piquirrojas se entregan a su ciclo nupcial adornándolo con tiernas carantoñas de pareja 12-4-2014.

Las chovas, como es habitual en los córvidos, parecen utilizar un modelo de presión llamemoslo, “psicológico”, que consiste en aborrecer a sus hostigados mediante su presencia intermitente revoloteando de un punto a otro de la zona visual de la rapaz nocturna. 
Lo que mas molestaba al búho real era que la pareja se posara graznando en un saliente rocoso sobre su nido. 


La pareja de cernícalos, posiblemente, estuvo bastantes días valorando la situación de su zona de nidificación ante la presencia tan cercana del búho real 6-4-2014. 
Finalmente, optó por la parte superior del pequeño barranco calizo (han tenido cuatro pollos). 

Fotografías con digiscoping, (salvo las de tejón)

ENTRADAS SIGUIENTES:

No es fácil ser búho real (parte 2) 


No es fácil ser búho real (parte 3 y última)



sábado, 5 de julio de 2014

MOCHUELOS


Hembra de mochuelo Athene noctua vigilando a sus pollos jóvenes que aguardan dentro del nido. 



Por un pedregoso camino que nace en la periferia del pueblo de la Cartuja, cercano a Zaragoza, se atraviesan fincas particulares valladas donde se aprecian los restos de la prosperidad constructora pasada. En los terrenos se amontonan herramientas de sondeo, material de construcción donde campean entre ellos jaurías de perros, cabras domésticas, burritos y algún caballo. Hay unas terreras de bastante altura como un gran escalón natural que hace de mirador frente al caudaloso río Ebro. También, como no, hallamos los vertidos incontrolados fruto de la falta de civismo. Al pie de una pequeña oquedad del terraplén hay una vetusta puerta de corral tachonada de cabezudos clavos oxidados y cincelados en la madera carcomida. Y, es allí, sobre ella, donde los jóvenes mochuelos esperan curiosos la llegada de su hora; el abandono definitivo del nido. La madre vigila desde lo alto la seguridad de su descendencia y, seguramente, no esté con ellos en el interior por la insoportable algarabía que se forma bajo la constante petición de ceba. Desde lo alto del talud, la madre centinela, no deja ni un rincón sin prospectar con su mirada.



A menos de noventa metros del nido de la anterior progenitora, por el mismo camino, me topo con la segunda. Vigila a sus criaturas también desde la cercanía, manteniendo sólo el contacto visual. La vieja oquedad que sirvió de cobijo a una familia de grajillas utilizada hace años, protege muy bien a otros pequeños, éstos, de grandes ojos y con muchas ganas de curiosear el mundo exterior.


De la imagen de esta madre, con porte soberbio, me encanta la marcada trayectoria de sus calzas y el relieve de su musculación, inadvertibles por las plumas ventrales en la mayoría de las fotografías dedicadas a esta rapaz nocturna ¿Verdad que tiene cierta complexión de rapaz poderosa?