Ya comenté en la entrada (búhos reales y buitres leonados jóvenes) los desplazamientos de los jóvenes búhos por el territorio paterno.
Les he visto abandonar sus escondites al crepúsculo, caminar y calar sobre objetos múltiples interpretándolos como futuras presas. Han desafiado al fuerte viento experimentando con su frágil cuerpo y, lo han moldeado con forma aerodinámica para sacar todo el rendimiento de estabilidad al medio aéreo.
Recuerdo la redondeada cima de un pequeño y escarpado cerro, coronado por varias sabinas rastreras dispersas. El cierzo soplaba desesperadamente, y el juego del pequeño búho era: dejar al viento embestirle mientras ascendía vertiginosamente para, descender después suavemente la rapaz, hasta la sabina. Se posaba y la sujetaba con firmeza, sin soltarla, como una cometa, y de nuevo a volar. Desconectaba con la rama soltándola súbitamente, lo que le proporcionaba un impulso extra.
Este fue su juego de aprendizaje durante largos minutos disfrutando, no me cabe la menor duda.
El búho real, tiene por costumbre ocultar el excedente de presas en época de cría cuando estas, rebasan el cupo necesario aportable al nido. Esta vez, la oportunidad era única.
El posadero D”, (una sabina rastrera ahuecada en su interior), albergaba media liebre depositada por el búho real. El arbusto situado al borde del cortado de unos “20 metros de altura”, presentaba el lugar ideal para entrar y salir con seguridad el ave, al comienzo o final de su jornada de caza.
Cuando terminaba la instalación de la T 90, a la que encomendé el trabajo fotográfico, salió la hembra de búho de un lugar cercano. Era cerca de las 21´00 horas y le correspondía salir en busca de alimento. Emitió unos chasquidos de protesta al verme en la zona de su despensa y el resto... viene a continuación por medio de diapositivas escaneadas a formato digital. Reconozco que la calidad es baja, pero el documento para mí, no tiene precio.
Cuarto trasero de gazapo oculto por otra hembra de búho real en un territorio distinto.
El ejemplo de marcaje con deyección al lado del resto de presa, es el mismo.
21 -06 -1992 Cortados del valle medio del río Huerva.
Hembra de búho real accede al lugar donde situó su presa. La parte anterior habrá sido consumida por ella previamente.
El círculo blanco, indica la posición de los cuartos traseros de la liebre y, el amarillo, un detalle a tener en cuenta; es un excremento de la rapaz nocturna señalando la proximidad de la carne.
Como este ejemplo, conservo varios archivados en la carpeta de; “Ahí están”.
Vicenzo Penteriani y María del Mar Delgado (CSIC ), en septiembre de 2008, descubrieron el significado territorial de las blancas heces expuestas en puntos culminantes por estas rapaces, como aviso de su ocupación a congéneres rivales. Pero no comentan nada al respecto sobre, la señalización de presas estratégicamente ocultas para consumo posterior. Su afortunado estudio, da pie a esta curiosa hipótesis creo, que bien encaminada.
En esta imagen, parece calcular mirando como referencia “la blanca deyección”, donde reposan los restos de la presa.
Con la sensibilidad de las plumas filiformes a ambos lados del pico, va palpando como los gatos con su bigote táctil el cerrado perímetro, donde hallará seguidamente
el ansiado bocado.
La hembra, alcanza la presa.
Si los pollos no volaran, les llevaría la carne al nido.
La colaboración de la hembra en la captura de presas mayores para avituallar a los pollos cada vez más grandes, es fundamental.
También el macho utiliza esta técnica durante la incubación de la hembra, o cuando los pollos son más pequeños, pero su labor en este caso es, la de controlar los límites de su territorio.
El joven volantón siguiendo la estela de su progenitora, aprende los pasos que encierran esta costumbre previsora de su especie, guardándola en su memoria genética.
Los pasos son los mismos. Aterrizaje, atención a la marca y localización del alimento.
La elocuencia de la imagen lo dice todo. A pesar de la impertinencia del flash, la carne de la liebre fue consumida en su totalidad.
El 6 -02 -1993, observé a la hembra medio agachada en su vistosa oquedad de nidificación de amplias dimensiones y sin arbusto de entrada. La desazón me invadió al comprobar el mal aspecto físico que la rapaz presentaba, tenía el plumaje ahuecado.
Una semana después, vi la oquedad vacía y traté de localizarla. Tras capturarla al final de un débil y corto vuelo, fue trasladada al centro universitario de veterinaria, donde murió a causa de un envenenamiento veinte días más tarde.