
Me gusta tumbarme a veces sobre la hierba de la ribera del Ebro, relajado, y mirar como van pasando uno tras otro, los milanos negros, mientras planean magistralmente sostenidos por el viento. Ver volar a un milano negro es una atracción que muchos observadores compartimos unánimemente.
El milano negro (Milvus migrans) es una rapaz de mediano tamaño, carroñera y capaz de, si es preciso, matar pequeños animalillos moribundos o robar pollos de nidos descuidados. No tiene la capacidad velera de los buitres para volar sin apenas batir las alas, ni la fortaleza pectoral del azor para ejecutar una persecución a sus presas en toda regla. Sin embargo, su vuelo, encandila a todo aquel que disfruta viéndolos suspendidos en el cielo, a pesar de ser ésta, una de las rapaces más habituales y comunes de nuestra península.
Es cómo no, un profundo conocedor de los puntos habituales donde hallar alimento gracias a su prospección infatigable, compartiendo con otras aves la importancia del alimento fácil y seguro de vertederos y muladares. Pero, los milanos además, buscan sobre las carreteras animales atropellados; lo han hecho supongo, no mucho después de aparecer las primeras víctimas de la circulación motorizada, salvo que entonces, los vehículos eran más lentos y las posibilidades menos arriesgadas para estas rapaces oportunistas. Actualmente, los veo en ocasiones sobrevolar el asfalto lanzándose ágilmente sobre el pequeño animal para atraparlo sobre la marcha y, elevarse en un tiempo record, muchas veces, cumpliendo el objetivo gracias a gente concienciada que reduce la velocidad de su automóvil. Sobre los cursos fluviales y con menor riesgo, es capaz de arrancar de sus aguas algún pez cercano a la superficie gracias a su pericia aérea.

Los sotos ribereños del Ebro en la provincia de Zaragoza, albergan en sus árboles corpulentos los nidos de los milanos negros, fácilmente reconocibles por los desperdicios que en ellos alojan; trapos, plásticos etc.


Los milanos, una vez concluido el periodo reproductor, abandonan nuestro territorio desde finales de julio a mediados de octubre para dirigirse a sus zonas de invernada en África tropical. Y, otra vez, durante los últimos días de febrero, llegarán de nuevo las primeras avanzadillas de milanos negros a la península ibérica.
Con la misma esperanza del poeta G. Adolfo Becquer, también aguardaré nostálgico el regreso, no sólo de las golondrinas, sino también, el de los oscuros milanos negros a los sotos del Ebro y..., que vuelvan sus nidos a ocupar.