martes, 17 de agosto de 2010

Vida de perros..., vida de toros y vaquillas



Descansas plácidamente sobre tiernos pastos ajena a la ley de la fuerza y destreza de la lucha por la supervivencia. Se te ve cómoda y sosegada.

En cualquier paisaje africano; (El Serengeti por ejemplo), estarías alerta, dominada por el punzante e incesante estrés mientras levantaras la cabeza para recoger sobre las resecas hierbas doradas de la extensa planicie la información vital que te advirtiera de algún peligro inminente. Un descuido, y los afilados colmillos del leopardo o, el inmisericorde rosario de marfiles de las leonas desgarrarían tu cuerpo en cuestión de segundos. Con el último aliento de tu vida y arrastrando entre mugidos los aferrados cuerpos de las leonas atenazadas sus fauces y garras en tu viva carne, irían devorándote en vida, tratando tú desesperadamente de evitar el punto final ya próximo. En tus últimos estertores de vida, la jerarquía social del gran felino: “El rey de la selva” como lo llaman, acabaría con tu moribundo cuerpo ya desgarrado en cuestión de minutos.

Así es la vida desde hace ya, unos cuantos millones de años. La evolución, ha marcado una trayectoria voraz del aprovechamiento de la biomasa para generar energía y poder continuar con ésta dinámica coyuntural entre los seres vivos.

Hay otra opción que es la que te espera; la de unos seres que, tampoco han evolucionado demasiado y que harán de ti la base de su cultura. Un país, que es la continuidad de la amplísima sabana africana; tan salvaje y despiadada. También cincelarán tu lomo con objetos punzantes, supliendo con ellos, la carencia de cortantes sacabocados de otras bestias.

La piel de “toro”. Piel, acribillada por la sinrazón y la irracionalidad. Por supuesto, además, referente nacional del palpitante paralelismo por su semejanza con los crudos documentales de África de la 2. Tan real, como la vida misma.


lunes, 9 de agosto de 2010

Negro y amarillo


- Salamandra joven (Salamandra salamandra)


La estampida vacacional, coincide evidentemente con la parada de las fábricas. Es entonces, cuando toca activarme con mayor energía debido a la función de mi trabajo relacionado con la pintura. He de aprovechar el vacío dejado tras el éxodo voluntario de la gente para, reparar las superficies que quedaron deterioradas por el desgaste continuado. Las prisas de la dirección por tenerlo todo a punto, machacan mi planteamiento ordenado y, todo se convierte en una estresante obligación de finalizar en tiempo record. Es lo que tienen dichas paradas en las fábricas para su correcto mantenimiento.


Así que…, perdonad este parón causado por un estresamiento desbordante.


Me ha venido a la mente durante estos días, la imagen de la coloración poco discreta de la salamandra, eso si, de las más bellas criaturas conocidas. Me choca sobre todo, al recordar aquellos momentos de la infancia, cuando los colores vivos, superaban nuestras emociones interiores dada la espectacularidad de su combinación tan llamativa.

Digo esto, precisamente por la cantidad de negro y amarillo que me ha tocado pintar en suelos, barandillas, angulares, escaleras verticales, etcétera; para que se apruebe la inspección de seguridad exigida a la fábrica. Vamos: salamandras de vanguardia por todos lados.



- Ahora es pequeñita, pero cuando se haga mayor medirá hasta 20cm de largo.

martes, 20 de julio de 2010

Garduña de balneario


- El inquieto mamífero no dejaba de rebuscar por todos los rincones en busca de algún resto que llevarse a la boca.

La garduña (Martes foina) pertenece a la familia de los mustélidos: martas, visones, comadrejas, turones etc.; criaturas de cuerpo alargado y patas cortas. Su pelaje es pardo oscuro con una poblada cola. La mancha blanca bifurcada de la garganta y pecho, le diferencia entre otros detalles, de la marta, cuya mancha es amarillenta. Su peso oscila alrededor de los dos kilos, y su distribución es más extensa en iberia que la de la marta (Martes martes), recluida muy al norte entre Pirineos y zona Cantábrica.


Había un posadero de búho real en el interior de una sabina negra que se hallaba en la base de un cortado calizo. Al ir a revisar su interior, salió somnolienta una garduña que observé a placer durante unos quince minutos. Unos meses antes, salió del mismo lugar una gineta; hay que ver a las dos especies trepando por el cortado. Absolutamente asombrosas, sobre todo, por su agilidad.


Al borde de la carretera, semioculta por una zarza y en el final de una larga barandilla para proteger a los viandantes del balneario, siempre parecía esperarnos de camino a casa con el coche, ya no una garduña, sino, “la garduña”, a la que esperaba ávida nuestra mirada justo en el lugar del encuentro. Allí estaba la mayoría de las veces sentada como un gato alrededor de las 22´00 horas cuando regresábamos la familia, del pueblo vecino.


Hay muchas más anécdotas con esta preciosa criatura carnívora de afilados colmillos, y, termino precisamente con su versión más dócil.

Fue hace un par de años en el balneario de La Virgen en Jaraba, cuando mi hija advirtió la presencia de un extraño gato. Estábamos sentados en un banco y el mustélido campeaba con toda naturalidad por debajo de nuestro asiento. Tomé lo más parecido a una cámara y disparé dos fotos antes de agotarse la maldita batería, y…, eso es lo que veis, a una criatura fascinante, nocturna y mansa a la altura de las miradas más sorprendidas de aquel instante. La calidad de la foto es lo de menos.


Como las aves que optaron por la tranquilidad de la alta tensión a cambio de paz, la garduña, hizo lo propio con el balneario para asegurarse el alimento. Sorprendente.



- Esta secuencia invita a pasarle la mano por su suave pelaje, pero no es recomendable sobrepasar su área de seguridad, aunque parezca prestarse a la caricia.


- Imagen tomada de una diapositiva. La calidad es pésima, pero como documento, curioso. Enfoqué como pude a través de las lobuladas ramas de la sabina, y la vi adormecida a la vez que alerta durante unos 15 minutos de observación. Apenas nos separaban dos metros de distancia.


sábado, 10 de julio de 2010

Zapatito de dama (Cypripedium calceolus)


- Planta de hasta 60 cm de alto, frecuentemente con varios tallos. Tépalos de color pardo rojizo algo vueltos; (los verticales corresponden a sépalos; los laterales a pétalos; el inferior son dos unidos por soldadura. El labelo amarillo es el tercer pétalo. La zona de captación del polen: Ginostemo, es de color blanco con pintas rojizas)

A estas alturas del mes de julio, es probable que la última representación floral de una de las más extravagantes orquídeas, se haya marchitado. Que ese reclamo tan extraordinario para los insectos en forma de flor, haya cumplido finalmente su cometido.

Me refiero a la asombrosa y caprichosa Cypripedium calceolus (zapatito de dama). Es esa planta estéticamente mágica que aguarda en el bosque, prado etc, como mirando por encima de las demás con soberbia, y que extiende sus encantos a la amplia red de insectos para ser polinizada. La polinización en general la ejecutan himenópteros. Es complicada, pues han de acceder los insectos al interior del labelo (pétalo amarillo y globoso) por un canal determinado donde primero dejan el polen que puedan traer de otra visita, y después para salir, han de rozarse con uno de los estambres cargándose de polen. Su estructura floral es el resultado de una interesante especialización para asegurar la polinización cruzada por insectos y evitar la autofecundación.


Todo esto y más, me lo va contando José Vicente (Jovi), un gran biólogo y conocedor del mundo fascinante de las orquídeas. Gracias a él, tengo el privilegio de contemplarlas en directo, embobado, abstraído y agradecido infinitamente. Son incluso, más bellas y extraordinarias de lo que pudiera haber imaginado al verlas en las fotografías.


A medida que avanza la mañana, la explanada se va llenando de coches, y la gente, casi toda francesa, se dirige hacia ellas las protagonistas por excelencia, por su belleza, y desgraciadamente por su escasez; ya que su distribución no va más allá de unos puntos señalados, perdidos pero protegidos en algún valle aragonés y catalán.



- El sépalo superior parece funcionar como techumbre contra las gotas de agua, evitando así, la inundación del labelo.

Han de pasar alrededor de nueve años aproximadamente desde la germinación, hasta la capacidad de producir flores y semillas. Este desarrollo tan lento, es uno de los grades problemas en la reproducción de esta planta.

Floración: V – VII; fructificación: VII - X. Cada flor dura abierta entre 11 y 18 días.


- Mediante la reproducción vegetativa de gran importancia en la planta, se produce una ramificación durante el crecimiento del rizoma, apreciable a lo largo del verano. Van surgiendo pequeños pies sin flor, generalmente de dos hojas, que emergen de yemas laterales del rizoma.


- Esta especie vive en zonas con clima eurosiberiano, sobre substratos calcáreos, a una altitud entre 1200 y 1600 m. Su hábitat pirenaico son los bosques húmedos (bosques mixtos, pinares, hayedos…) también en manchas forestales, matorrales y pastos.

domingo, 27 de junio de 2010

Anidar entre alta tensión a cambio de paz


Cernícalo vulgar (Falco tinnunculus)

Reconociendo el familiar reclamo del cernícalo vulgar vuelvo la vista, y tras observar con detalle, encuentro frente a mí a un milano negro que ha invadido su territorio. El macho de halcón con suma valentía, acude a desalojar al intruso propinándole severos ataques, impactando incluso contra el cuerpo de la mediana rapaz. Finalmente, aun esquivando perfectamente los ataques del pequeño halcón, el milano negro abandona ahuyentado.

El cernícalo vulgar, es un experimentado volador que se caracteriza por sus esquivos vuelos, inmovilizándose además en el aire mientras otea los alrededores sin dejar de agitar sus puntiagudas alas. Evidentemente, tampoco se acobarda ante la intrusión de águilas como la calzada, culebrera, perdicera e incluso la real.

En cualquier formación arbórea, yesífera, caliza, térrea, etc., distribuida por la totalidad de nuestra geografía española, la estridencia común del canto del cernícalo que casualmente nos puede sobrevolar en el momento más oportuno, nos hace levantar con curiosidad la vista. Sin embargo, la asiduidad de su presencia contrasta con lo atípico de algunos de sus hábitats y lugares de cría. No me refiero a ruinosas parideras, árboles o casas habitadas donde anidan esporádicamente, y que en cierto modo, no son tan habituales como las oquedades o las repisas de los erosionados tajos de tierra o roca fragmentada.

Ahora el talud arenoso lo ha cambiado por un gigantesco y aislado caserón de cemento y amplios ventanales fraccionados con cristales quebrados donde ubicar posaderos y nidos. El supuesto bosquejo, es una inexplicable masa de troncos de hormigón y metal cubiertos por un denso follaje de gruesos cables en todas las direcciones: la monótona rumorosidad que emite el fluido eléctrico de manera permanente va descomponiendo el ambiente acústico natural. Sí, todo artificial, pero es donde veo con asombro y por primera vez, a un viejo conocido que reclama y copula con toda naturalidad sobre el plano horizontal de un pórtico metálico que sujeta firmemente por medio de aislantes de porcelana, 220.000 voltios de alta tensión. Aquí el azar pende cada momento sobre las inconscientes aves que burlan diariamente la descarga mortal a cambio de una carísima calma con la que reproducirse sin apenas molestias.


Territorio de búho real abordado por la instalación de las energías ecológicas respetuosas con el medio ambiente. Cada parque eólico tiene en su base su correspondiente subestación eléctrica para concentrar y distribuir la energía.



Se trata de una subestación eléctrica, cuyo recinto vallado se halla estratégicamente ubicado en el centro de un coto de caza custodiado por un guarda. Todo parecen ventajas: los insectos abundan, no hay rapaces a las que desalojar o en algunos casos evitar, y tampoco hay avalanchas humanas de fin de semana. Una garantizada paz por la cual, únicamente el exceso de voltaje en un descuido, puede pasar factura a cambio de tanto bienestar. Nidos a escasa altura como el de urraca en un arbustivo olivo a 150 cm del suelo o, el de los gorriones comunes, golondrinas, aviones, grajillas, cernícalos y, por qué no: el de chova piquirroja en un ventanal protegido a cuatro metros del suelo, dan cuenta de esta realidad.


Chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax)


Los pollos de chova a punto de abandonar el nido, entre otros, serán testigos presenciales del liso cortado de cemento con una infrecuente panorámica de grava y altivas torres de hierro con entrecruzados cables. Aquí, el aguzado reclamo de sus progenitores y congéneres no está realzado por el acústico eco de sus cañones rocosos para que lo amplifiquen con fuerza desatada. Aquí como veo, no topan con el águila perdicera, la real o el gran duque; aquí sólo se enfrentan a la impasible e invisible descarga eléctrica que acecha con su amenazadora presencia. La desconocen y les es indiferente. El exceso de envergadura, multiplica el fatal desenlace: cuando los extremos de las alas producen una conducción simultánea (hacen masa), las consecuencias son de sobras conocidas. Cuando no, por crudo que parezca, son los predadores, expoliadores de nidos, o los tradicionales disparos de escopeta. La rentabilidad en cuanto a garantías de éxito durante la cría es comprensible para todas aves que han optado por este artificial cambio de hábitat. Hay alimento suficiente y plazas para anidar; y cómo no, la elección atrevida de esa frontera que marca la diferencia con el resto de los peligros naturales. Los cadáveres dispersos de algunas infortunadas aves, señalan que, en ningún lugar de la tierra la vida es fácil.


domingo, 20 de junio de 2010

Un nido peculiar: (tórtola turca)


Macho de tórtola turca (Streptopelia decaocto)

La tórtola turca (Streptopelia decaocto) pertenece a las colúmbidas, familia que también engloba a las conocidas palomas. Esta ave proveniente de Asia meridional, irrumpió en la península ibérica a finales de los sesenta, y ha sido capaz de colonizar nuestro territorio con un extraordinario éxito. Su capacidad de anidar en cualquier lugar, tanto urbano, industrial como ajardinado (hasta cinco o seis veces al año), le ha proporcionado ventajas excepcionales en el campo de la seguridad (al evitar depredadores) y en el de la alimentación, al amparo garantizado de los asentamientos humanos. Una elección de lo más acertada, sin duda.

Con más genio que sus parientes las palomas domésticas, las turcas, no permiten mediante enconadas persecuciones que las urracas o cualquier ave, se acerquen a su parcela de nidificación. En un gigantesco plátano (Platanus hybrida) de una avenida de Zaragoza, una pareja de urracas tuvo que abandonar la construcción de su nido ante la presión de las tórtolas que ya incubaban en el mismo árbol. Los nidos de tórtola, son un conjunto escaso de pequeñas ramitas entrecruzadas, que permiten ver a través de las fisuras de su estructura los huevos de la puesta si se mira desde abajo.

El caso es, que andaba trabajando con una plataforma elevadora, y topé con un nido casi terminado de tórtola turca. Había aprovechado ésta, el recodo de una bandeja de las que utilizan los electricistas para canalizar los cables que alimentarán a la máquina climatizadora; y claro, faltaban los cables por colocar. No tuve más opción que la de retirarlo. Mi sorpresa fue, al comprobar uno de los materiales utilizados; había en el entrelazado de ramas herbáceas, viruta larga y fina como el alambre, proveniente de recortes de la chapa con la que se fabrican las cajas, conductos y demás piezas de los climatizadores en esta fábrica. No sólo los milanos negros, cuervos, cigüeñas etc., aportan elementos de origen humano a sus nidos, sino que estas aves invasoras (ordenadamente), se decantan por la nueva tecnología para realizar construcciones más sólidas. El filamento metálico, más maleable, facilita el entrelazado de las ramillas. Por el contrario, los perfiles cortantes del metal, son la cara negativa y peligrosa del nuevo material.


No es una creación abstracta de Tàpies, sino un destartalado nido de tórtola turca. Tampoco es que esté inacabado, que lo está, pero no esperéis mucho más para su conclusión salvo alguna ramita final. Y, en algunos casos dependiendo del individuo, el refuerzo del cuenco aportando excrementos para darle consistencia.


Detalle del entrelazado de las finas tiras metálicas.
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