
La hierba ya no acaba en el aparato digestivo de las reses, ahora, delimita el espacio de cada losa pétrea.
Aparqué cerca de una construcción parcialmente desmoronada, lejos de la urbe y en compañía de algún pajarillo que rompía con su reclamo el silencio reinante. Sólo estaban ellos; gorrión común, gorrión chillón, estornino negro, cogujada común y el eterno colirrojo tizón, todos indistintamente ubicados sobre el tejado. En el interior del corral no balaban las ovejas, ni siquiera tintineaban sus cencerros por el monte de escarpadas laderas. No había nada más que lo habitualmente campestre con bastante soledad.

Colirrojo tizón (Phoenicurus ochuros)

Me sedujo el entramado sencillo de las viejas tejas formando un tejido impermeable de gran belleza, reconozco que fue entonces, cuando me dejé llevar por la nostalgia. Recordé aquellas temibles tormentas cuyo estruendo se multiplicaba por el efecto cerrado de los murallones de roca caliza, como si reventara el cielo después de cada relámpago. Cuando el agua de lluvia y, sobre todo de granizo, repicaban sobre las tejas de arcilla y oscurecían el paisaje con una violenta cortina traslúcida, la cual, no nos resistíamos a mirar cariacontecidos desde la puerta de casa. En el transcurso del temporal, sobre el polvoriento suelo, el agua embravecida corría calle abajo turbia y desesperada.
Me limité a desarchivar más y más recuerdos. La rueda ha ido evolucionando y con ella, el resto de inventos capaces de amortiguar el sobreesfuerzo de una humanidad cada vez más acomodada. Al contrario que los animales domésticos, que son ahora, animales de concentración restringida y despiadada.

Los caminos ahora, pasan de largo ante los corrales desplomados presa del abandono.
Bajo los tejados y al abrigo casero, la ramulla repleta de hojas secas de tamara o chaparro como llamaban mis mayores a la leña de encina, alimentaba la lumbre y provocaba un fuego emergente, crepitante y violento, capaz de despacharnos uno a uno del humilde banco frente al hogar. Y, su haz luminoso, anulaba la triste luz amarillenta de la vieja bombilla de 40 w.
Aquel caldero de cobre ennegrecido sobre el fuego repleto de patatas tocineras girando al son del agua hirviendo, los candiles humeantes durante los apagones eléctricos, el relincho del mulo desde la oscura cuadra dentro de casa, las manzanas extendidas en el granero, los colchones de lana...Tantas y tantas cosas abordaron mi memoria que, ya no quería moverme del lugar.
Fueron tiempos en los que la gente del campo olía a una extraña mezcla de humo del hogar y plantas aromáticas del monte. Tiempos en los que las cabras llegaban del páramo apacentadas hasta la entrada del pueblo con el pastor, y éstas, se distribuían solas esperando en la puerta de sus respectivos corrales muy obedientes aguardando su encierro. Era gracioso verlas dada su espontaneidad.
Ahora muchas puertas están abiertas, desiertas, pero nadie al otro lado para conversar, para ofrecer entre cordialidad un poco de lo poco que entonces había en cada casa. Creo que el progreso lleva una velocidad endiablada, de vértigo, tan rápida que no puedo adaptarme adecuadamente sin sufrir sus nefastas consecuencias.

Fachada levantada con fragmentos de toba, material ligero pero de gran resistencia y transpiración.

La luz exterior penetra en un mundo ya vacío.

Al paso de estos carros de madera tirados por mulos solían rechinar las piedras, que se resquebrajaban bajo su peso y la dureza del aro metálico que revestía las gigantescas ruedas.

Cogujada común (Galerida cristata)

Gorrión común (Passer domesticus)

Gorrión chillón (Petronia petronia)

Estornino negro (Esturnus unicolor)

El colirrojo tizón como el resto de pájaros urbanos, eran copropietarios de mi casa paterna. Todavía hoy, afortunadamente, algunos siguen siéndolo.

Qué era entonces para los niños de campo el águila real (Aquila chrysaetos). El águila como contaban los pastores, era una alimaña a la que no podías perder de vista ni un momento si no querías perder algún cordero.

Todas estas imágenes actualmente son una exhalación del pasado, cada vez en más lugares de la península.