sábado, 21 de febrero de 2009

¡ Una cabezadica !


Las especies silvestres, conocen al hombre sobradamente y es lógico que sean tan esquivas por nefastas experiencias con él. No obstante, además de un permiso especial para observar fauna protegida, hace falta mucho sentido común y respeto por el bienestar de dichos animales cuando nos hallamos en sus territorios. He visto al águila perdicera criar sin recelo, cuando entre ella y yo campeaba un pastor con sus ovejas, al búho real con sus pollos y un potente tractor labrando a 60 metros de distancia del nido, y no ha ocurrido nada. Son hechos cotidianos que ambas rapaces tienen asumidos, por eso, es conveniente establecer un amplio márgen de seguridad entre el observador y el ave en cuestión, y utilizar siempre el mismo lugar para acostumbrarlas a nuestra presencia. Las mejores observaciones, aparecen cuando permanecemos durante largo rato y quietos en el mismo punto.

Águila perdicera


Cuando la construcción del nido supone un sobreesfuerzo, nada mejor que probarlo y reconocer que es muy cómodo.

Búho real

Hay noches que desarman a cualquiera. Para este búho real (Bubo bubo), ha debido de ser muy intensa.

Garduña

Esa rayadica de sol, llega a las entrañas de esta preciosa garduña. Curiosamente, utiliza el mismo posadero que una gineta, sin embargo, corresponde por antigüedad y fuerza al búho real, que es su morador. Se trata de una frondosa sabina.

2 comentarios:

  1. ¡Ya va creciendo este blog! ¡Qué bien¡

    Un saludo

    Barracuda

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  2. Muy cierto lo de la observación. Creo que se podría resumir en: "Deja que los bichos se acerquen a ti".
    Si te empeñas en acercarte tú se asustarán, pero si esperas, a muchos les puede la curiosidad.
    Como sé que te gustan las historias con bicho dentro te voy a contar una muy cortita.
    Hace ya mucho tiempo un investigador de cuyo nombre no quiero acordarme se fue a la Sierra de la Culebra para intentar ver lobos. Eran los tiempos en que el lobo era muy perseguido y se mataba con asiduidad. Después de días de patear sin conseguirlo, un buen día andando por un valle nevado se dió cuenta que al sacar los prismáticos había perdido un guante. Volvió sobre sus pasos claramente marcados en la nieve para recuperarlo, cuando se dió cuenta de que unas decenas de metros atrás, el lobo le había estado siguiendo a él.
    ¡Pero nunca llegó a verlo!

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