domingo, 28 de octubre de 2018

Bajo la mirada del búho real (Bubo bubo hispanus)



Desde un camino agrícola hay un punto donde se aprecia a la hembra de búho real (Bubo b. hispanus) cuando está tumbada en el nido en tiempo de incubación. Este año no la vi y aguardé hasta julio para determinar la causa de su ausencia; sabía que otro nido ubicado en la zona superior había sido usurpado por una pareja de buitres leonados.
Sobre otro cortado, ya en julio, comprobé el estado del nido y vi dos huevos enteros separados; estaban agujereados, probablemente vaciados por córvidos. Tras apreciar los rastros de excrementos y un encame pegado a la repisa, imaginé que las cabras montesas habrían bajado y ahuyentado a la hembra que incubaba.

Decidí aprovechar la tarde del sábado pasado para deleitarme con el búho real ahora que está en pleno apogeo amoroso. Quería cerciorarme tras el fracaso de la puesta, si la pareja estaba en el territorio. Me gusta saber de estas rapaces colaborando con los agentes medioambientales del lugar.
Aunque el macho de búho real no esté en celo, la custodia de su territorio está vigente a lo largo del año. Su atención hacia la hembra intentando formar pareja, me dará ventaja para saber de él en su feudo y será mas sencillo atraerlo. 
Hace muchos años que imito el ulular del búho real y, gracias a ello, tengo inmejorables ocasiones para analizar su conducta sin tapujos. No lo hago por fotografiar a la rapaz, ya que la observación es mas emocionante con los prismáticos o el telescopio que desde el visor de la cámara donde los detalles son mas imprecisos. Me gusta enlazar con la rapaz y entrar en su mundo salvaje con una gran dosis de concentración, y poder así, apreciar y sentir mejor su esfuerzo por la lucha territorial. Pero, sobre todo, porque es una sensación indescriptible poder conectar con estas rapaces de la noche mediante la imitación de su canto utilizando la voz propia. 
En este mismo territorio, hace algunos años, estuve con una hembra de otra pareja anterior, cerca de tres horas. Ella me prestó mucha atención, pero, no tenía nada para ofrecerle. 

Se han hecho muchos trabajos de campo sobre esta rapaz, sin embargo, nadie mejor que el búho real para revelarme detalles privados de su vida campestre. Quiero añadir que, no es tan sencillo que los búhos reales entren al engaño, por lo tanto, los fracasos son también numerosos. Que entren al plagio podría depender de su carácter belicoso o receptivo.

"Los búhos reales ocupan una gran variedad de hábitats, desde bosques de coníferas en las taigas del norte hasta desiertos cálidos en el sur. Los prerequisitos mas importantes para la elección del territorio son, probablemente, una abundancia de comida adecuada y buenos lugares para anidar." 

Rapaces Nocturnas de Europa Heimo Mikkola


CRONOLOGÍA DE LA SECUENCIA

Búho real acude al desafío de otro posible macho invasor de su territorio 18´44 horas






Escuchando mi voz (imitando la de otro macho competidor), el dueño del territorio me descubre pronto en el fondo del barranco después de guiarse acústicamente. 


No sólo ha de enfrentarse con un competidor, además, ha de seguir las evoluciones de la hembra que (sospecho por la mirada insistente del macho) se halla enfrente. Ha de esforzarse para conquistarla frente al invasor.


El cambio de atalaya es habitual en el marcaje territorial de la rapaz y no dejará de controlarme desde sus puntos mas señalados.
Al contaminar el escenario con mi presencia (por no estar oculto en hyde) el búho real mantiene una distancia prudencial; supongo que da mas importancia a mi voz de plagiador que a mi persona. 



Sé que le resulto extraño, porque mi voz le suena como la de un competidor pero, no mi forma humana. Su mirada fija hacia mi ubicación la alterna con su canto territorial. Si fuera un congénere invasor me atacaría sin dudar. 



El macho de búho real acostumbra a emitir su voz en todas las direcciones para dejar de manifiesto a otros rivales la propiedad de su territorio.


Un cuarto de hora después (19´00 horas) ceso la imitación de su voz; sé que el búho real confirmará su victoria con veinte minutos mas de canto territorial desde mi silencio, acaparando entonces toda la atención de la hembra. 




A las 19´23 horas el macho me vigila en silencio, es una pausa que me desconcierta un poco. Me extraña que no abandone el lugar. 


La tensión de la contienda se nota en el plumaje pegado al cuerpo, aunque los penachos (verticales en la exhibición) van cayendo lentamente.
Quién me hubiera dicho de pequeño, viendo aquellas imágenes tan lejanas del búho real en libros de naturaleza, que llegaría a comunicarme en el futuro con esta soberbia rapaz de la noche.


Cuando son las 19´45 horas y la luz escasea, la silueta del macho se relaja notablemente (el plumaje se ahueca y los penachos caen mas todavía). Tras este leve descanso (no lo había visto nunca) el búho real acude al encuentro de su pareja que comienza a reclamarlo con un ulular mas tenue y agudo, seguido de una voz de contacto mas áspera y corta.

Cuando abandono el barranco, veo la negra silueta recortada de nuestro protagonista sobre una sabina negral, emitiendo su voz monótona e insistente. 
La luna ofrece una luz generosa que me ayuda a caminar cómodamente y, como no, ayudará además en las labores amorosas de la pareja.
Espero que el año que viene, la pareja, tenga mejor suerte con la puesta.



Esta entrada, quiero dedicarla personalmente, a los seguidores/as de esta magna rapaz de la noche con los/as que comparto la misma pasión.


domingo, 14 de octubre de 2018

Vencejo real (Tachymarptis melba): segadores del aire




Es el vencejo de mayor tamaño, su poderosa morfología de vuelo le permite recorrer entre 600 y 1000 km diariamente para cubrir sus necesidades fisiológicas. 
El vencejo real es mas veloz que sus parientes, sin embargo, no presenta tantas horas de vuelo como el común que es mucho más aéreo y asciende a gran altura para dormir en amplios círculos; el real pernocta mas en grietas, sobre todo, si el tiempo es inestable. Precisamente, la meteorología adversa puede hacer que los vencejos abandonen la región que habitan ausentándose unos días, realizando las conocidas como "fugas de tempero". En los vencejos reales los desplazamientos no tienen la amplitud de los ejecutados por otros vencejos como el común Apus apus.



En los atardeceres cálidos del estío en el cañón del río Mesa, una amalgama de estos velocistas del aire patrullan el cielo sin descanso, alimentándose de insectos voladores. Según la publicación de "Aves de Europa de Peter Hayman y Philip Burton parece que pueden seleccionar a los zánganos sin aguijón del resto de abejas.
Tienen una excelente maniobrabilidad, incluso, volando agrupados. Una sincronización tan apabullante que al girar súbitamente al unísono, casi en ángulo, retumba el recio zumbido provocado por tal acción. Ni siquiera los halcones son capaces de ejecutar un quiebro tan cerrado.



Les gusta anidar dentro de fisuras en pórticos rocosos que ofrecen un buen cobijo frente a las inclemencias atmosféricas. Allí su vigoroso trino se combina con la algarabía reinante del roquedo. Durante sus vuelos de exhibición los grupos planean silenciosamente en torno a los nidos, y al alejarse, desatan sus voces estridentes en coros, como si se tratara de una explosión de júbilo.

Comparación entre el vencejo real Tachymarptis melba y el avión común Delichon urbicum; aves que comparten los roquedos.


Hace unos años, trabajando en un pueblo de Huesca un 16 de octubre, alcé la mirada hacia el espacio celeste espoleado por la voz lejana de un bando de vencejos reales. A medida que se acercaban, sus estridentes cantos se hacían mas contundentes. Una enorme nube de estos apódidos cubría buena parte del cielo, habría cabida para ejemplares provenientes de la cadena montañosa pirenaica y ejemplares extraibéricos.

De forma escalonada, la migración postnupcial del vencejo real se registra a partir de septiembre, prolongándose hasta noviembre. 


Me llamó mucho la atención el desplazamiento lento y revuelto como en semicírculos de estas aves durante su avance migratorio. Era comprensible si tenían que alimentarse durante días en los que el tiempo se irá haciendo mas frío y los insectos tenderán a escasear. Por este motivo, podría entender que, según el estudio del equipo de Félix Lietchi del Instituto Ornitológico de Suiza, después de capturar seis ejemplares de vencejo real a los que colocaron unos receptores al dorso y, tras su posterior recuperación, descubrieran la gran hazaña de estos portentosos voladores. Los resultados recogidos confirmaban que estas aves en su desplazamiento desde Africa Occidental hasta Europa habían recorrido una distancia de 2000 km en 200 días sin dejar de volar.

Su singladura variaría en el recorrido diario dependiendo del frente atmosférico, sin embargo, para economizar el vuelo las prisas, seguramente, no beneficien en absoluto cuando alimentarse y descansar demoran el trayecto. Es probable también, que durante los días mas fríos sin la atmósfera llena de insectos voladores las aves puedan avanzar mas; pero, con días mas calurosos éstas podrían  ralentizar el vuelo para dedicar mas tiempo a alimentarse y recuperarse de los días malos. 
¿Cómo hacen los vencejos para alimentarse de insectos durante su singladura migratoria a tanta altura? Por fortuna hay estudios que abarcan el comportamiento biológico de muchas especies entre ellas el de los insectos, para prevención de plagas. 

"Según un estudio del Instituto para al Investigación de las Cosechas Cultivables IACR publicado en la revista británica WorldScicntific, los insectos vuelan mas y a mayor altura de lo que se pensaba. Utilizando un radar vertical, que detecta la presencia de insectos entre 150 y 1200 metros de altura, se ha constatado que hasta los 800 metros se localizan tantos insectos como los que vuelan al ras del suelo. La investigación mostró que durante un día cálido el radar puede detectar unos 5000 insectos de tamaño normal y grande, y se calcula que también podrían hallarse otros tantos de tamaño mas pequeño. En sus habituales vuelos migratorios algunas especies pueden alcanzar alturas superiores a los 5000 metros". 

Este abanico de posibilidades ofrece a las aves insectívoras como vencejos y golondrinas oportunidades fiables de alimentación durante sus migraciones en distintas altitudes. 








lunes, 24 de septiembre de 2018

Las dos caras del mochuelo




En lo alto de postes, tejados, promontorios y ruinas el mochuelo Athene noctua monta la guardia. Cada altozano supone un pedestal soberbio para la ilustre nocturna.
No se esconde de los peligros del día, aunque su atención es permanente. Enumerar a sus enemigos sería casi una tarea interminable. Su querencia por las zonas culminantes resulta un tanto contradictoria teniendo en cuenta sus hábitos nocturnos. El mochuelo cuando dormita lo hace complacido. Seguro de algunas aves del entorno, como estorninos negros y gorriones, que avisarán con sus voces de alarma cuando haga aparición cualquier rapaz, sobre todo el fugaz gavilán en vuelo de caza.
Como prácticamente todas las especies, el mochuelo necesita del sol para absorber la vitamina D encargada de metabolizar el calcio (entre otras utilidades del sol). Sin embargo, el sol bien puede tomarse desde un lugar mas seguro sin exponerse tan procazmente.
Los sesteos del mochuelo son breves como los de cualquier rapaz nocturna, y las disputas de gorriones y estorninos, también pueden perturbar su descanso sin tratarse de una señal de peligro inminente.


Fijaos en la escasa diferencia al primer golpe de vista entre la faz del mochuelo (arriba) y la nuca (abajo); da el pego con su "falsa cara". 



Después de tantos aguardos mirando la silueta del mochuelo recortada con descaro en puntos altivos y, conociendo el riesgo de dicha acción, me pregunto si el extraño dibujo de la nuca semeja una falsa cara. Una faz accesoria, de aviso para el cazador de turno mientras nuestro mochuelo está de espaldas, dando a entender a su enemigo que su ataque será en vano al haber sido descubierto. Así, durante los escasos segundos que dura su somnolencia ante la duda engañosa, podrá el mochuelo girar su verdadero rostro y calcular para escabullirse de la muerte a su refugio mas seguro. 


Las mismas imágenes mas ampliadas del mochuelo mirando de frente y...


...de espaldas con su característico dibujo 


La somnolencia al mochuelo en lugares elevados, muy visibles, le genera de vez en cuando algunos sustos. 

Abajo una falsa alarma; los ojos entreabiertos, el plumaje ahuecado y la garra recogida desaparecen en cuestión de milésimas de segundo, adoptando una figura completamente diferente por el estrés de la situación.



Ilustraciones extraídas de la Guía de aves , España, Europa y región mediterránea de Lars Svensson, Killian Mullarney y Dan Zetterström; Ediciones Omega. 

La falsa cara en la nuca es una realidad que no deja indiferentes a los observadores de esta especie. Algunos invertebrados utilizan falsos ojos para intimidar a posibles enemigos. Quizás, la del mochuelo sea otra estrategia similar, tal vez para despistar. 
En fin, todo un enigma...





sábado, 22 de septiembre de 2018

La garza de Porto da Afurada (Portugal)




El puerto oscurece al paso del atardecer. Estos últimos días la niebla adelanta la penumbra, y en la boca del embarcadero, toman forma las pequeñas embarcaciones que regresan de sus labores de pesca. La luminaria los delata entre la neblina a duras penas. Una vez atracadas y amarradas en el muelle, van sacando los pescadores el fruto de numerosas horas de navegación entre los puntos elegidos de pesca.

Las gaviotas aguardan alineadas sobre el canto del muelle un posible menú ofertado por las sobras de algún pescador. Ante la presencia de dos paseantes, todas levantan el vuelo y ya no regresan.
Casi con puntualidad inglesa aparece un gavión al que llevo observando varios días. Rodea en vuelo coronado y batido el cerco de las embarcaciones, y tras la selecta prospección, la gran gaviota se posa sobre la lona azul que cubre una pequeña barca amarrada durante días en el mismo punto. Permanece aislada, anclada al margen de las demás ordenadas en batería. Alrededor de la lona azul, escurren de lo alto hilachos fecales de color blanco. Seguramente, las visitas de sus moradores es desbordante por el lugar estratégico.


  

Gavión atlántico Larus marinus   

Los que conocen al gavión por sus años de mar, saben de su poderío ante las demás gaviotas. Cuando ha de posarse en un punto concreto no le importa que esté ocupado por otras especies de láridos, tan sólo ha de dejarse caer para que el grupo le abra espacio. Si no es suficiente, el gavión lo exige amenazando con el pico. Evidentemente, si hay alimento que disputar, su poderío impera con mas ahínco anulando el orden establecido por las demás, que pasa entonces al fortachón de las gaviotas; la del lomo gris oscuro y ancha de espaldas.
Sin embargo, siempre hay quien rompe esa hegemonía, porque en el puerto hay diversidad de especies, cada una con su genio. Las gradas del muelle dividen dos rampas utilizadas para botar y recoger las barcas que aproximan sus dueños con el remoque tirado por el vehículo para tal fin.
Estas rampas tienen especial interés para otras aves por el distinto nivel de profundidad del agua y, allí, seguramente, muchos peces acuden a alimentarse de restos orgánicos e insectos que se acumulan en la orilla.




Garza real Ardea cinerea

Llega la garza real con nocturnidad. Duda ante mi presencia, pero, es su lugar cotidiano y parece que las cosas allí le van bien, ya que hay carne y pescado. Anteriormente, una rata gris se ha zambullido (he escuchado el chapuzón) y con agilidad ha nadado hasta alcanzar el pantalán flotante. Otra, corretea sobre el hormigón aledaño al agua, en busca de sobras orgánicas humanas.
No hay duda de la variedad alimenticia para la garza real. El ardeido se posa sobre una barca; no es su barca. Deja pasar unos minutos de rigor, parece que tiene prisa y alza el vuelo. Su silueta marca la diferencia entre las demás aves. Su vuelo parsimonioso la lleva hasta la motora que ocupa el gavión al que no intimida; ella sabe que éste desaparecerá en el momento justo de posarse. El gavión, como estaba previsto por la garza, ejecuta una vuelta rigurosa para seleccionar otra opción y se posa en otra embarcación mas alejada y sin tantas deyecciones.
En el puerto todo está en orden, y en las aves, también.
Entre lo moderno y lo tradicional, la gente sigue con sus costumbres de antaño; es de lo mas bello de este lugar.




Gaviota sombría Larus fuscus graellsii.  
Había bastantes mas especies de aves, pero, he preferido estas dos gaviotas resabiadas (sombría y reidora) que, mientras comía sentado en un muro de hormigón frente al mar, se acercaron como quién no quiere la cosa; claro, a compartir...




Gaviota reidora Larus ridibundus bostezando


Tendedores de ropa en el puerto


Lavadero vecinal situado en el puerto

Lavadeira en plena faena. 
Tal como recuerdo de niño en mi pueblo hace ya muchos años cuando las mujeres lavaban en el río, ésta portaba bajo sus brazos dos barreños con ropa, y otro mas grande sobre la cabeza. 
Mujer trabajadora, equilibrista en todos los ámbitos de la sociedad y norte de la gallardía mas emprendedora. 


Garceta común Egretta garzetta






Muy territoriales en sus feudos de pesca, las garzas ahuyentan a todo individuo que suponga competencia.
En las imágenes una garceta común desalojando a un charrán patinegro Thalasseus sandvicensis que descansa en aguas someras de su zona de pesca. 
Ninguna gaviota del lugar arremetió contra la garza cada vez que capturaba algún pez.