
19/10/2017 - 17´44 horas.
Aparece la pareja de águila de Bonelli Aquila fasciata en vuelo ligero sobre el tercio superior del enorme farallón calizo. Parece como si tuvieran prisa en alcanzar un objetivo, pero, es su modo de volar prospectando aceleradamente la amplitud de su territorio. El macho amaga con atacar a su consorte y, ésta, lo esquiva en un juego ritual de pareja, estimulador y garante de sus habilidades aéreas. Ocasionalmente, casi entrechocan sus garras. Parecen disfrutar con ello, bordando sus recortes el anaranjado paredón pétreo que las aviva con su fondo luminoso del atardecer.
Hay buitres Gyps fulvus que las esquivan, tal vez, veteranos viajeros que han tenido malos encuentros con ellas; por el contrario, la ignorancia de los jóvenes no aporta ciertos datos que, en no mucho tiempo, tendrán presentes. De momento, no han sido hostigados.

Como si de un ascensor se tratara, hay diferentes alturas desde donde acceden los buitres leonados a las corrientes térmicas, ahora, muy activas. Las medianas águilas entran desde la planta baja, y con el sol, su blanca pechera destella con relumbre a cada giro ascendente. Me da la impresión de que el día se acaba y las ágiles rapaces prospectarán sosegadamente su feudo antes de recogerse en su dormidero habitual. La secuencia del vuelo coronado de buitres y águilas de Bonelli es de una paz relajante, como el susurro de un arroyo de montaña.
Desde la izquierda se acerca un ratonero Buteo buteo, y lo hace justo a la altura de las águilas de Bonelli, las observo con atención, muy entusiasmado. Veo que el ratonero ha entrado en otra dirección distinta a la de las águilas, y éstas, lo sobrevolarán en el siguiente giro.
-¡No me lo puedo creer!
Un súbito, brusco y extraño cambio de dirección del macho que escapa a la percepción de mi retina, termina en un lance muy corto sobre el ratonero. Apenas su reacción le da para girar y enganchar con sus garras las del macho de águila de Bonelli. Pienso que podría tratarse de una disputa, pero, la caída dramática de ambas rapaces en tirabuzón hacia el pinar me hace pensar lo contrario. La estrategia de la rapaz de blanca pechera es dejar que el ratonero se debata, que gaste sus fuerzas, porque ella tiene el control real de la caída.
Por desgracia, la fronda de los pinos me impide ver lo demás. Sin dejar de prestar atención al lugar clave, veo salir al macho y posarse en una rama baja; distingo tan sólo su mirada dirigida al mismo punto de interés que el mío.
Después de hora y media de atención sin ver la acción de la hembra, y oscureciendo, el macho abandona el posadero y yo la observación hasta el día siguiente.
El halcón peregrino Falco peregrinus, cuando la mediana rapaz sale del pino, la asedia con vuelos fulgurantes de notable inquina. Pocos ataques hay más violentos que los del halcón peregrino.

Ratonero joven del año.

Detalle de las rectrices y resto del plumaje juvenil del ratonero.
20/10/2017 - 8´30 horas.
Desde el escenario aprecio bastante mejor el resultado de la contienda. Sólo queda un extenso manto de plumas y las vísceras del incauto ratonero, todo, detrás del pino que ocultó a mis ojos el resultado final.
El macho de Bonelli debió de ceder la presa a la hembra (o fue ésta quien se apoderó de ella), el caso es que el galante macho, fue espectador de primera fila en el festín de su querida pareja (sólo ellas tienen la clave conductual de su relación).
Como la mayoría de las veces, la juventud sinónimo de inexperiencia (en éste caso, la del ratonero), le jugó una mala pasada al desconocer la peligrosidad de éstas irascibles rapaces tan veloces como mortíferas.
Estos encuentros cuando acontecen, si se solventan favorablemente (claro está), marcan de por vida al ser vivo experimentándolo de cara a interacciones futuras con especies nada apacibles.
Restos del infortunado ratonero.
Hay que ver para sentir la belleza y la grandeza de esta rapaz que llena con su presencia los espacios rocosos que habita.