viernes, 8 de febrero de 2013

Cigüeña blanca (Ciconia ciconia)



Y, terminando fotográficamente con el productivo observatorio sobre el aprovechamiento de la carne depositada espontáneamente, concluyo con la hermosa cigüeña blanca, una de las zancudas más bellas de nuestra fauna aun siendo tan común en nuestros campos. Ella también acudió a la carne atraída por el movimiento de cornejas, milanos reales y laguneros pero, después de poner en fuga a los comensales, la cigüeña advirtió recelosa algo que no le gustó, quizá un leve movimiento del teleobjetivo y, discretamente se giró sin prisas, alejándose, campeando tranquilamente sin dejar de mirar ocasionalmente.






Es realmente preciosa y, no me refiero a las fotos, si no a ella en particular.
Aquí la tenéis si queréis hacerle algún encargo...

martes, 5 de febrero de 2013

Corneja negra (Corvus corone corone)


En ocasiones, la corneja se impacienta y opta por tirar pinzando con el pico de las rémiges primarias o las rectrices de las aves de presa.


Pertenece a la extensa y cosmopolita familia Corvidae con 120 especies. Gozan de primacía evolutiva ante los demás pájaros por su eclecticismo y adaptación gracias al elevado grado de psiquismo que demuestran. Son los gigantes del orden de los Paseriformes, robustos y de pico largo y fuerte.
El plumaje de la corneja (Corvus corone corone) es completamente negro, y es la menos gregaria de los córvidos. La vemos habitualmente en pareja o solitaria. Es un gran pájaro con una envergadura de unos 100 centímetros y un peso de 450 a 550 gramos.

Se sabe que viven muchos años y esa experiencia la dosifican durante su existencia emparejada, fiel de por vida. Pero, si hay algo que me atrae sobremanera es su compenetración tan señalada. Son de las mejores estrategas de la fauna ornítica y, por lo que he visto frente a las fuentes de alimento, parece que nunca coinciden ambas aves mirando al suelo si buscan despojos, cuando una actúa la otra vigila atentamente.

He visto a las cornejas atosigar a un águila pescadora que trataba de alimentarse de un pez recién capturado; mientras una planeaba detrás contra el fuerte viento incordiándola, la otra se situaba enfrente. La rapaz no cesaba de emitir una voz quejicosa por la agobiante presión de los córvidos. También recuerdo, en otra ocasión, una especie de danza disuasoria de los negros pájaros alrededor de un águila real que se alimentaba de un zorro con la intención de repelar hilos de carne o bocados perdidos. Además, son capaces de desalojar a ratoneros, milanos y gaviotas patiamarillas si están protegiendo el alimento previamente hallado por ellas.

Pero, el hambre rompe cualquier norma conductual en la naturaleza y, cuando estas cornejas piratas desvalijaban el comedero, miré por el diminuto roto del hyde y pude contemplar como los milanos que no se atrevieron a bajar al cebo, parasitaban a las cornejas tanto en vuelo como posadas. Pude ver como, si huían en vuelo, se les obligaba a soltar el alimento, e incluso, a una de ellas posada en un árbol frutal le fue arrebatada de una pasada certera la pieza de carne. Seguramente, lograron comer lo suficiente las cornejas y, supuestamente, ocultaron también parte del botín (no es posible que consumieran todo lo que se llevaron). Una vez saciadas, pudieron perder interés por defender la carne y, por lo tanto, su belicosidad característica.

Corneja aprovechando restos perdidos del banquete.
Cuando aguiluchos y milanos tiran con su ganchudo pico de la carne, dejan filamentos fáciles de arrancar para las cornejas.
Habitualmente, cuando una se alimenta, la otra vigila con mucha atención.
A veces, son demasiado descaradas tratando de arrebatar, casi del mismo pico de la rapaz, algún bocado.
Una vez trincado el cacho, sin duda, lo debían de ocultar puesto que regresaban rápidas.

A dos carrillos, iban desvalijando el comedero de todos, con ansia bestial. Tal vez se tratara de la subespecie Corvus corone gorrone.

martes, 29 de enero de 2013

Un fragmento ribereño en la crecida del Ebro


 
El Ebro es el río más caudaloso de la península y ha superado estos días los 2200 metros cúbicos por segundo. En su momento álgido superó los siete metros de altura. Ante semejante avalancha de agua dinamizada por fuerza y velocidad, no ha hecho más que dificultar la actividad habitual de las aves que viven de sus aguas. En estos casos, estas riadas suponen un tremendo atractivo para mucha gente empeñada en fotografiar el hecho como recuerdo. A pesar del frío, la gente no faltó a la cita con el Ebro y su bravura esporádica. Aunque el día era gris, no me perdí el paseo para ver la gran crecida del río y la reacción de sus criaturas. Quería saber como se desenvolverían con tanta cantidad de agua, agua capaz de complicar la existencia de cualquiera de ellas a pesar de sus adaptaciones acuáticas. Como prácticamente toda la original ribera estaba anegada, las aves buscaron nuevos destinos y, esos destinos eran los buscadísimos remansos, donde nadar y bucear supone un esfuerzo menor. El martín pescador frecuenta lagunas freáticas del Ebro donde el agua conserva su claridad fuera de la corriente turbia que arrastra sedimentos, las cigüeñas, garzas reales y garcetas grandes además de gaviotas vadean aguas someras que cubren los campos de labor.
Como sospechaba, a los pies de La Basílica del Pilar bajo el alto muro de contención quedó un pequeño terreno de ribera de apenas diez metros cuadrados donde se hacinaban aparentemente sin problemas dos cormoranes (Phalacrocorax carbo), dos grajillas (Corvus monédula), dos pinzones (Fringilla coelebs), una gallineta (Gallinula chloropus), cuatro azulones (Anas platyrhynchos) y un zampullín chico (Tachybabtus ruficollis) que era la estrella de todas las personas curiosas asistentes.
El pequeño zampullín parecía algo cansado y apenas se adentraba en aguas rápidas, los cormoranes, menos incómodos ante las miradas de la gente, desde la orilla utilizada como posadero buceaban en el remanso aprovechando su calma para sorprender, tal vez, a los peces que pudieran reposar ocultos. A los que parecía faltarles terreno era a los ánades reales cuyos machos montaron una trifulca de cuidado, menudos son los azulones cuando no quieren compartir nada con sus semejantes.



Zampullín chico (Tachybabtus ruficollis) Plumaje invernal.

Cormorán grande (Phalacrocorax carbo) Joven.
Gallineta (Gallinula chloropus)




Pelea entre machos de ánade real (Anas Platyrhynchos)
Grajilla (Corvus monédula)
Pinzón vulgar (Fringilla coelebs)

sábado, 26 de enero de 2013

Milanos reales (Milvus milvus)




Un grupo de 14 milanos reales sobrevolaba, hace unos días, unas tablas amplias de alfalfa ya segada a orillas del Ebro. La razón de su entregada prospección, como pude comprobar después, era la de alimentarse del cadáver achicharrado y agusanado de un gato que, quizá pudo morir electrocutado en el transformador próximo de un recinto industrial. El gato, seguramente, encontró la muerte buscando calor y abrigo para escapar del frío reinante y, algún empleado de eléctricas lo extrajo y tiró fuera. Con la ayuda de un zorro, los restos pudieron viajar hasta el enclave mencionado.

Son aves muy desconfiadas los milanos reales y, en los comederos, suelen rondar mucho la presa antes de bajar a por ella salvo que antes lo hagan otras aves. En este caso, el primero en bajar fue el aguilucho lagunero (Circus aeruginosus), que por cierto, aprovechó muy bien el tiempo invertido en la carne hasta saciarse a gusto. Después llegó la pareja de cornejas (Corvus corone) y, por último, lo hicieron los milanos reales (Milvus milvus). Dos de ellos se atrevieron a bajar y el resto, desde el aire sin dejar de volar, pasaban rasos sobre los restos tratando de intimidar a sus congéneres y, prender en un descuido, algún trozo de carne transportable para consumirlo en un lugar apartado. Es atractivo ver el carrusel de milanos en torno al cebo, maniobrando hábilmente acechando y mirándose unos a otros siguiendo atentamente el curso del más desesperado incapaz de soportar el espoleo del hambre. Está visto que, parece que ninguno quiere ser el primero en bajar sin prever las medidas oportunas de seguridad.











Poco margen de acción dejan los desconfiados milanos reales para fotografiarlos en escenas de vuelo. Cada movimiento del objetivo era seguido con inquietud por todos ellos; con un ojo en la comida y otro en mi escondite.