
Bueno, éste no es otro que el viaje
del descanso eterno. Desgraciadamente, el chorreo de muertes provocado por estas máquinas
de matar sobre nuestros montes es lento e inagotable.
Me gusta y practico la labor
voluntaria autónoma, es decir, sin que medien ciertas asociaciones ecologistas.
Mientras disfruto del entorno natural, estoy siempre disponible para colaborar
recogiendo animales heridos, en peligro o muertos para llevarlos al centro de
recuperación de fauna silvestre. Por ello, realizo muchos recorridos por todo
tipo de lugares susceptibles de propiciar dichos problemas.
Se sospecha que ciertos operarios
para no perjudicar el negocio de la industria eólica retiran “de extranjis” los
cadáveres de las aves muertas, aunque siempre queda algún ejemplar que escapa
al rastreo de los sabuesos buscadores del “marrón". El ejemplar de la fotografía
abandonó a duras penas el radio de acción del polígono industrial de
aerogeneradores. El día anterior se capturó un espécimen vivo pero, como viene
siendo habitual, destrozado de un ala. Dichos ejemplares son irrecuperables en
los centros específicos para su rehabilitación y, por lo tanto, se les aplica
una inyección letal que, como poco, les ahorra el angustioso sufrimiento. No así,
en cambio, al ejemplar de la imagen que agonizó irremediablemente sin la opción
del sacrificio. Se trataba de un precioso buitre leonado (Gyps fulvus) adulto con el peso ideal de un
ejemplar sano. Gracias a la labor científica mediante entomología forense,
Chabi, veterinario del centro, determinó la causa mortal de la rapaz carroñera
y el tiempo pasado desde la misma, que fue de dos meses antes del hallazgo. Por
las heridas presentadas, parece que no sufrió en exceso prolongado.


Espacio abierto con cerros cubiertos por aerogeneradores en zona de buitre leonado, águila real y búho real entre otras rapaces.
Marcado con un círculo blanco está señalado el lugar de reposo de una hembra de búho real bajo un aerogenerador
Un excremento en el posadero y restos de egagrópilas confirman su utilización asidua
No todas las egagrópilas de esta gran rapaz nocturna son grandes como muestra la imagen.
La cuestión comprensible para no abandonar una zona
peligrosa como la expuesta es su riqueza cinegética, y eso lo saben las parejas de búho real (Bubo bubo) que
la ocupan. Me chocó muchísimo que, tras ahuyentar a mi paso a una hembra de esta
rapaz nocturna, finísima de oído, abandonara un posadero a ras del suelo bajo
la protección de una carrasca a tan sólo sesenta metros de un aerogenerador
cuyo zumbido era bastante molesto, sin descontar la influencia sonora del resto
de máquinas agitando sus palas en un día de frío viento. Está claro que la vida evoluciona,
en este caso, tratando de esquivar o evitar los obstáculos del progreso humano
y las dificultades de los cambios provocados por la propia naturaleza.