jueves, 7 de julio de 2011

Un tiempo que no volverá: por Alejandro Lucea


Foto: Wikipedia

Expongo a continuación, un acertadísimo artículo del mes pasado escrito en el diario “Heraldo de Aragón” por Alejandro Lucea, redactor jefe de deportes de dicho periódico.
Reconozco después de leerlo que, la primera persona que me vino a la memoria por su gran dedicación a la parte romántica de la montaña fue Javier Barbadillo, que nos deleita hábilmente con curiosidades de todo tipo acaecidas en los montes de su blog “El Último Rincón”. A diferencia de los protagonistas del artículo, él, nos pone al alcance y sin ánimo de lucro toda la riqueza natural existente en nuestras montañas.


“El pasado 21 de mayo Carlos Pauner coronaba el Lhotse y sumaba su undécimo ochomil; mientras que Javier Pérez conquistaba el primero. Lo que había sido simplemente una hazaña deportiva, se convirtió en el descenso y en los días siguientes en un circo. Cruce de acusaciones entre montañeros y médicos, polémicas entre los primeros, siendo la más espectacular la mantenida entre Juanito Oiarzabal y Edurne Pasaban, la primera mujer que culminó la carrera de los catorce ochomiles. Todo esto en torno al descenso del Lhotse, que obligó al rescate de Lolo González y fue agotador para los demás en especial para Oiarzabal.
Carlos Pauner tuvo mucho interés en aclarar que hizo tanto la ascensión como el descenso sin utilizar oxígeno y esto, que pudiera parecer un tema menor, para él no lo es, porque su reto es hacer las catorce cimas sin oxígeno. Hay que entender que el gran montañismo de hoy no solo es deporte, sino que también tiene un fuerte componente económico y comercial.
Polémicas como las citadas eran algo inusual, aunque también las hubo, en el alpinismo de hace unas décadas, pero son cada vez más frecuentes en el actual, porque han variado muchas cosas.
De las primeras expediciones fuera de España de los socios de Montañeros de Aragón al último éxito de Pauner, el cambio ha sido brutal. De la cuerda de cáñamo al sofisticado material que se emplea hoy va un abismo. Lo mismo ha sucedido con los sistemas de entrenamiento, con la preparación física y con el apoyo médico, que son fundamentales en el alpinismo moderno. Las montañas siempre son las mismas; pero el tiempo ha transformado todo lo demás. Hoy las expediciones se pueden seguir en tiempo real. Las conexiones vía satélite permiten que imágenes y textos lleguen inmediatamente y cada vez más periodistas se instalan en los campos base.
El tema eterno de la fatal atracción de los ochomiles ha inspirado muchas historias. Cuando hace un cuarto de siglo Reinhold Messner fue el primer ser humano en completar los catorce, su hazaña tuvo un contenido mucho más personal e íntimo. Era tiempos en los que el romanticismo impregnaba la actividad montañera. Hoy las expediciones cuentan con todos los avances tecnológicos, con un seguimiento excepcional de los medios de comunicación, con desplazamientos en helicóptero, con una alta profesionalización, con mucho dinero y prestigio en juego. En torno al gran alpinismo giran intereses económicos, deportivos, mediáticos e, incluso, políticos.
No importa que los catorce ochomiles sean un mito, porque esa extraña competición sin dorsales que inició Messner se ha popularizado hasta límites antaño impensables. Hay más de treinta y cinco cimas que superan los ocho kilómetros de altura. Están todas en Asia. El criterio para designar los catorce se estableció en la conferencia sobre el Himalaya organizada en 1983 en Munich. Se decidió entonces contar con macizos montañosos independientes, sin las numerosas cimas secundarias.
Quedan, aún, casos de romanticismo, como el del mallorquín Tolo Calafat, que perdió la batalla por la vida en el Annapurna. Su llamada desesperada -"¡sacadme de aquí, hacedlo por mis hijos!",-, su muerte solitaria, su lucha imposible contra el destino es de las que dejan huella; aunque muchos nos preguntásemos entonces qué hacía ahí un padre de familia con un hijo de un año y otro de ocho, cuyo trabajo no estaba relacionado con la alta montaña.
Ha aparecido y se ha extendido el profesionalismo. Deportistas que han hecho de su ejercicio montañero una profesión lo han convertido en más competitivo. Alberto Iñurrategui, el alpinista más joven que coronó los catorce ochomiles, decía que "pensaba que el montañismo es algo diferente a correr detrás de una marca, me gustaría volver a los orígenes, que no sea el ir pensando que la montaña es cumbre, sino que fuera de la cima hay muchos aspectos estupendos".
Hubo otros tiempos en los que el montañismo era más romántico, los medios muy inferiores y estaba en manos de magníficos aficionados, que tenían que compaginar su deporte con del trabajo. Hay quienes sienten nostalgia de esa época que no volverá y no entienden polémicas como las que se generaron en el Lhotse. Posiblemente, porque creen que manchan el espíritu puro que una vez tuvo”.

22 comentarios:

  1. Hola Javier

    buena tu nota, es real , ya todo es muy competivo , sin tomarnos el tiempo de apreciar el entorno de esos sitios de naturaleza pura.
    eso me ha pasado hace años , despues de subir un cerro en el sur , llegar a la sima , miras desde arriba cuan p`rqueños e insignificantes somos en este vasto planeta. abrazos.

    ResponderEliminar
  2. Hola Javier

    Totalmente de acuerdo, el blog de Javier Barbadillo es realmente interesante y muy recomendable.

    Un saludo

    ResponderEliminar
  3. ¿Qué hay Javier?
    Muchas gracias por tu entrañable enlace.
    Al hilo (que no al filo) de lo posible también se disfruta de la alta montaña, quizá no tan alta, ni tan rápida, ni con tanta anoxia como para perder el sentido.
    Admiro a esos superhombres y supermujeres que llegan allá arriba como admiré a los astronautas en mi niñez (que aún sigue). Pero más admiro a esas montañas, a las inaccesibles, a las cercanas, a las posibles...a todas ellas, porque están llenas de energía y Vida...y eso es lo que les pido y generosamente me dan.
    Un abrazo a ti, Javier, y a cuantos aman sinceramente la montaña sin más (que no es poco).

    ResponderEliminar
  4. ¡Hola Javier!

    Después de leer estas palabras, me siento un romántico de la montaña, y por lo que descubro a través de diversos Blogs, somos muchos los que compartimos ese romanticismo. Podemos subir la montaña más alta, pero a mi juicio es inútil si no somos capaces de interpretar el paisaje, conocer a las gentes que las habitan, descubrir la vegetación y la fauna que son la parte viva, y sobre todo conocernos a nosotros mismos como seres humanos que somos ... en pocas palabras VIVIR LA MONTAÑA.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  5. Me desculpe os alpinistas e aficcionados deste esporte, mas eu prefiro um simples passeio pelas montanhas, onde eu desfruto verdadeiramente da maior riqueza que eu já vi na minha vida: a natureza.
    Subir e subir apenas para competir não é o meu ideal.

    Quanto ao blog de Javier Barbadillo, eu considero um paraíso. Uma delícia passear pelo El Último Rincón. Eu vou e volto àquele espaço inúmeras vezes, mesmo sem deixar comentários. Javier parece muito inteligente, criativo e gentil. Muito acertado citá-lo aqui.

    Um beijo terno e doce para ti, Javier Gomollón.

    ResponderEliminar
  6. La montaña es un lugar fascinante al que hay que acudir sin prisas, atento a todo lo que nos rodea para no perder detalle de vidas y paisajes. Lo importante, para mi, no es llegar a la cima, es estar en ella y sentirla.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  7. Estoy de acuerdo en que el montañismo que se hace ahora perdió todo su encanto, antes se iba a la montaña como a visitar a un amigo, ahora todo es comercio, metas y premios.
    No se si se volverá a amar la montaña como se la amaba antes, aunque supongo que algún montañero de aquellos queda todavía.
    Buen fin de semana.

    ResponderEliminar
  8. ¡Hola Javier!
    No he entendido muy bien la parte en que explicas lo del descenso de los montañeros, el por qué del circo que se organizó, no sé si está relacionado con lo del oxígeno o qué, quiero decir esa polémica entre médicos y montañeros.
    A mí la montaña como contemplación y como gustar de pasear o incluso escalarla, me parece muy bello, incluso romántico si así queréis llamarle. Ahora bien, cuando se enfoca como una competición, como "hacer la cumbre", no sé si en castellano existe esta expresión "fer el cim" sería en catalán, y cuando empiezan a haber intereses económicos, periodísticos, deportivos, pues ya me parece otra cosa.
    Me pasaré por el blog de tu amigo Francisco Javier Barbadillo, para poder apreciar lo que de su blog explicas tan afectivamente, como apasionado que también eres de la montaña.
    Saludos afectuosos.

    ResponderEliminar
  9. - Maelgi: personalmente viví aquellos años, no en la alta montaña sino en la escalada. Mi afición a los animales también la compaginé con la sensación atrayente del ascenso por la roca vertical, eso si, siempre de segundo en las cordadas. Recuerdo que los mismos escaladores prescindían de los cortados donde molestaban a las aves rupícolas que anidaban en determinadas fechas, sin rechistar. Ahora el “pique” de la competición creo que lo ha trastornado todo.

    Abrazos.


    - Pedro: el tuyo también es recomendable y, cuando a mi memoria llegue por la afinidad de la entrada elegida el recuerdo de otro blog, no tendré reparo en mencionarlo. Estoy muy a gusto con la gente con la que comparto aventuras y desvelos del entorno natural.

    Saludos.


    - Javier: bueno, no lo pude evitar: oveja-pastor, agua-piragua, montaña-Javier…
    Es así de sencillo, tengo asumida tu gran admiración por las montañas de pequeño, mediano y gran tamaño.
    Créeme que también admiro a esas grandes personas capaces de integrarse y entregarse con su esfuerzo y tesón, no al desafío de la gran montaña, sino a la pasión de envolverse en determinados ochomiles sin otro afán que el de vivir lo que sólo ellos son capaces de encontrar durante el ascenso hasta la cumbre. Pero, no a cualquier precio.

    Jamás olvidaré el documental de “La montaña basura” dedicada al Everest, donde la prepotencia y la pedantería humanas mellaron de la manera mas ruin el respeto a la naturaleza de la montaña más alta del planeta.

    Pues gracias a lo que generosamente las montañas te dan y que generosamente compartes (que los repechos con los años, cada vez se hacen más verticales).

    Otro abrazo para ti.


    - Fernando: queda claro tu sello montaraz por la clara definición con que sientes y declaras tu amor y admiración por la montaña, a la que también, dedicas muchos fines de semana.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  10. - Teca: também prefiro a riqueza natural que nos vai oferecendo uma ascensão pela montanha mas, das pequenas, que são as que mais vida contribuem para observar. Sempre que aceda-se à montanha deve-se ter em conta o respeito e a responsabilidade de deixá-la limpa tal como a encontramos.

    Javier Barbadillo tem muito tacto em seus textos e grande admiração pela montanha.
    É muito ameno e entretenido.

    Outro beijo para ti.


    - Lluís: una reflexión muy sitentizada y argumentada. Comparto contigo ese afán de observar los lugares sin prisas ni competiciones.

    Saludos.


    - Abedugu: de todos modos, aunque fuera montañismo de competición, que menos que dejarlo todo completamente limpio. Pero, las prisas por superar la marca de los demás tiene esas cosas, dejar todo el lastre posible entre sus nieves perpetuas o estacionales. Lo mismo da. La montaña no es de nadie, sin embargo, es de todos la obligación de protegerla del exceso de la codicia personal de cada uno que la utiliza sin las normas de respeto y cuidado.

    Saludos.


    - Clariana: en principio los ascensos a estas imponentes montañas se abordaban con bombonas de oxígeno para evitar la hipoxia: falta de oxígeno en la sangre como consecuencia de la menor presión atmosférica en lugares elevados. Una mayor preparación para fortalecimiento físico convirtió a Reinhold Messner y al austríaco Peter Habeler en las primeras personas en coronar el Everest sin la ayuda de oxígeno.
    La polémica que comentas fue la discusión sobre si al montañero Carlos Pauner en su descenso bajo los efectos del llamado mal de altura le ayudaron con oxígeno, ayuda penalizada que desvirtúa la marca exigida sin el concurso de dicho elemento cuando se ascienden los ochomiles respectivos. Los médicos no se pusieron de acuerdo contradiciéndose de manera esperpéntica.
    En fin Clariana, que la nostalgia del disfrute personal como comentaban aquellos grandes montañeros de antaño con logros de diversos ochomiles o, simplemente de cotas más bajas, quedó en la actualidad como una gran representación circense donde se busca lucrativamente el más difícil todavía.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  11. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  12. Un muy interesante debate, Javier,
    lo que Alejandro Lucea comenta del alpinismo, por desgracia, es extensible a muchos otros campos profesionales y de la vida diaria.

    Hay un afán enfermizo por estar por encima del otro, no de mejorarse a sí mismo. Es decir se fomenta la competitividad mal entendida, esa que va dejando cadáveres por el camino, empezando por el de la propia persona que se autodestruye en esa dinámica ególatra.

    Un fuerte abrazo, amigo. Es un placer participar en tu blog.

    ResponderEliminar
  13. Precisamente, Javier, el hecho de que la cima de los más altos picos esté llena de basura nos indica que muchos de los que llegan allí no lo hacen los amor a la montaña, sino por otras razones.
    Igual ocurre an la espeleología y en el buceo. Una pena.
    La gran diferencia es que se acude a estos lugares para "utilizarlos", no para admirarlos con respeto.

    ResponderEliminar
  14. - Enrique, tienes razón; es extensible a otros muchos campos profesionales pero, los campos ultrajados que mas me decepcionan son los relacionados con la naturaleza.

    Otro abrazo para ti Enrique el placer es mío también.


    - Jesús: y, después de todo, no entiendo ni comprendo cómo toda esta carencia de respeto por los espacios naturales se traduce en indiferencia cuando la gente de nuevo acude a los mismos lugares llenos de basura, como si a estas alturas el paisaje sucio fuera algo común.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  15. El deporte, en muchas ocasiones, es más una competición que una colaboración. Es el espíritu que se impone, el que vende, el que quieren introducir en nuestra sociedad. Y se pierde el romántico, el de los aventureros, el de quienes vivían con pasión su profesión o su afición.

    Coincido contigo, amigo, en que de todos los campos ultrajados los que más me duelen son los de la naturaleza. Y, en general, aquellos que se vivían con pasión y ahora son un mero aspecto lucrativo más.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  16. El deporte sí puede permitirse el reto de competición, siempre que uno quiera medirse en el esfuerzo a sus contrincantes. Se puede hacer deporte para uso personal o cualquier actividad que sugiera esfuerzo físico pero, todo aquello que perjudica el espacio natural de todos, no puede ser utilizado como un lugar de ocio y recreo particular de alguien que crea que está por encima de los demás si en su actuación deteriora dicho espacio.
    La naturaleza es delicada y los abusos por parte de su uso descontrolado nos perjudican a todos en general.

    Saludos Trota.

    ResponderEliminar
  17. Precisamente hablaba de este tema hace semanas en Pirineos, con el dueño de la casa donde estuve alojada, que es alpinista. Y me comentaba lo mismo, que el alpinismo se ha convertido en un circo. Estuvimos hablando del Everest y de cómo los "alpinistas" llevan a una persona que les va metiendo unos "chutes" de oxígeno de vez en cuando para que puedan llegar a la cima. Incluso a gente nada preparada. En fin, que sí, se ha convertido en una especie de competición y espectáculo, dejando de lado el respeto y el amor a la montaña y la naturaleza. Como bien dice Jesús, la muestra es toda la basura que por allí ronda. A cierta gente sólo le interesa la montaña como un récord personal.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  18. Sinceramente Mamen, lo que ocurre en el Himalaya es desolador. Tal vez en la nueva hornada de héroes alpinistas figuren las cumbres vírgenes que faltan por ascender, aunque sean bastante parecidas. Creo que sólo se busca el “yo la subí el primero”. Me da lástima todo esto.

    Saludos.

    ResponderEliminar
  19. Es en el camino donde se crece. Y en realidad, a pesar de cuanto pueda aumentar nuestra solidaridad en él, se crece siempre solo. Aunque hay que procurar ser generosos: que ese crecimiento no sea únicamente para uno mismo, sino también para los demás. Besos.

    ResponderEliminar
  20. beautiful photo,and beautiful photo

    ResponderEliminar
  21. Todo es ya puro marketing. Mira si no, al futbol, que lejos de ser un deporte se ha convertido en un negocio.

    Efectivamente, los tiempos pasados no volverán. Sólo podemos decidir cómo queremos vivir los que están por venir.

    De momento nos queda la posibilidad de dar patadas a un balón por deporte o de subir esos ochomiles por simple satisfacción personal. Algo es algo.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  22. Gracias Salomé, Sebi y Tawaki por vuestros comentarios.

    Abrazos

    ResponderEliminar